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jueves, 10 de febrero de 2011

Cinco años tiene mi blog

Ya sé que cinco años no son nada, que diría cualquier tanguero, pero a mí me inunda el sentimiento de que ha pasado toda una vida, no sé si enredada entre viñetas precisamente, desde aquel otro diez de febrero en el que queriendo escribir un comentario acabé escribiendo un blog. Cinco añitos cumplidos ya, qué barbaridad. O tal vez tendría que decir que cinco añitos habría cumplido ya de no haber sucumbido en el verano pasado al desgaste que provoca el tiempo, al cansancio y el agotamiento de una fórmula, la de las reseñas comiqueras, que ya no daba más de sí.
Supongo que a ojos de cualquiera no sería incorrecto afirmar que ha sido un lustro consumido sin pena ni gloria, un blog más entre la infinita caterva de espacios anónimos que pululan por la red, pero para mí siempre fue y será mi hogar, mi rinconcito privado en el que refugiarme ante el desánimo; el lugar donde compartir entusiasmos y manías; el sitio, en definitiva, en el que soñar en voz alta, aunque tampoco demasiado alta, que no es cuestión de andar molestando a los demás. Para el recuerdo, la gente que decidió acompañarme un trecho en el camino, Hache, Eva, Boca, Red Wind o Penélope, por nombrar algunos; la ilusión de algún que otro comentario de Álvaro Pons o de Rafa Marín o la satisfacción y el orgullo, aunque pequeñito, por un puñado de reseñas, no demasiadas, un poco menos malas que las demás.

Nada, nada, que me dejo llevar por la melancolía. Simplemente agradeceros, como siempre, a quienes os habéis pasado, leído o comentado aquí, aunque fuera una sola vez, en estos cinco años. ¡¡¡Muchas gracias!!!

¿Y el resto qué...?

sábado, 8 de mayo de 2010

Sobre el cómic digital y sus debates

Mientras se decidía o no el Sevilla a remontar –enhorabuena a los seguidores culés por su más que seguro título liguero- he estado leyendo un poco por encima el pequeño debate que sobre la viabilidad y el futuro del cómic digital se ha generado en los comentarios de La cárcel de papel. Un debate que me deja anonadado. Más que por los argumentos y contraargumentos, todos tan comedidos como innecesarios, por su misma existencia. Porque cuando hablamos de avances tecnológicos da igual si estamos a favor o en contra de ellos: si la tecnología es útil se queda. Y punto. Y contra hechos no caben argumentos. Y ya mismo me estáis convenciendo de que no son útiles los avances en soportes digitales combinados con el libre acceso e intercambio de archivos. Y si no lo fueran, a qué tanto escandalo por parte de la industria clásica del ocio y la cultura, la única a la que le interesa que este debate exista, si por su propio peso estarían abocados al fracaso.
Señores, lo siento muchísimo por ustedes, pero esto es lo que hay: se les pasó el arroz. Y si no les gusta, se joden. A ver si ahora van a ser los poderosos los únicos que pueden defender sus intereses y los únicos que pueden salir ganando siempre, so amenaza que de lo contrario el mundo se acaba. Anda ya, hacednos el favor e iros a tomar por culos. Panda de cuatreros y asaltacaminos…

¿Y el resto qué...?

lunes, 8 de marzo de 2010

Pensamientos ocasionales (y en horas intempestivas): Del gusto y la sensibilidad de las mujeres

"En estos tiempos de gimnasios rebosantes y bibliotecas vacias un futbolista, por el mero hecho de serlo, podría enamorar practicamente a cualquier mujer que se proponga. En estos mismos tiempos, un poeta, por la misma razón, ¡¡¡jamás!!!"

Yo mismo mientras intento conciliar el sueño a las tantas de la madrugada.

¿Y el resto qué...?

lunes, 11 de enero de 2010

If, if, between, between

Hoy les he contado el chiste en clase de inglés a mis alumnos y he conseguido que se rían. De mí; del chiste ni por asomo...

¿Y el resto qué...?

lunes, 6 de julio de 2009

Lo dejo, no lo dejo...


Llevo un tiempo planteándome qué debo hacer con el blog. Llevo unos meses en que no me apetece nada dedicarle ni medio instante, no me seduce el sentarme frente al portátil y decidir qué tebeos o que películas merecerían ser reseñadas. O peor aún, aunque se me ilumine la mente y tenga claro qué entradas merecerían la pena ser escritas, no me apetece ni lo más mínimo ponerme a hacerlo. No quiero dedicarle tiempo y punto. Tanto que incluso he llegado a plantearme la posibilidad de abandonar definitivamente el blog, de dejarlo morir extraviado por los espacios siderales de la blogosfera y tal vez más adelante, cuando retome fuerzas, comenzar uno nuevo, con un nombre y un concepto diferentes, con una personalidad distinta. Sin embargo creo que no lo voy a hacer; creo no es necesario. Pensando pensando me he dado cuenta que mi problema se concentra precisamente en ese qué debo hacer con él. Ahí reside la equivocación . Yo no tengo que hacer nada con él; lo único que cuenta es qué quiero hacer de él. Cuando uno entra en cierta dinámica, a veces no es difícil olvidar por qué y para qué empezó a escribir el blog. No es difícil olvidar que por encima de cualquier otra consideración, un blog, o al menos mi blog, es un acto puramente onanístico, egoísta, lúdico, que sólo tiene sentido como forma de disfrute personal, sin consideración a nada ni a nadie. Si uno empieza a pensar en la regularidad de las actualizaciones, en los temas que puedan gustar, en quién me lee o quién me deja de leer, no hay acto masturbatorio que llegue a buen puerto y se acaba todo atisbo de diversión. Insisto, no debo hacer nada con el blog. Lo único que importa, que me importa, es lo que me apetece hacer de él en cada momento. No necesito abandonarlo para tomarme un descanso; no necesito crear uno nuevo para reinventarme: puedo hacerlo aquí mismo si quiero. Simplemente porque me da la gana. Y al que no le guste, que se busque otro blog. Si no lo ha hecho ya.
¿Y el resto qué...?