Ya sé que cinco años no son nada, que diría cualquier tanguero, pero a mí me inunda el sentimiento de que ha pasado toda una vida, no sé si enredada entre viñetas precisamente, desde aquel otro diez de febrero en el que queriendo escribir un comentario acabé escribiendo un blog. Cinco añitos cumplidos ya, qué barbaridad. O tal vez tendría que decir que cinco añitos habría cumplido ya de no haber sucumbido en el verano pasado al desgaste que provoca el tiempo, al cansancio y el agotamiento de una fórmula, la de las reseñas comiqueras, que ya no daba más de sí.
Supongo que a ojos de cualquiera no sería incorrecto afirmar que ha sido un lustro consumido sin pena ni gloria, un blog más entre la infinita caterva de espacios anónimos que pululan por la red, pero para mí siempre fue y será mi hogar, mi rinconcito privado en el que refugiarme ante el desánimo; el lugar donde compartir entusiasmos y manías; el sitio, en definitiva, en el que soñar en voz alta, aunque tampoco demasiado alta, que no es cuestión de andar molestando a los demás. Para el recuerdo, la gente que decidió acompañarme un trecho en el camino, Hache, Eva, Boca, Red Wind o Penélope, por nombrar algunos; la ilusión de algún que otro comentario de Álvaro Pons o de Rafa Marín o la satisfacción y el orgullo, aunque pequeñito, por un puñado de reseñas, no demasiadas, un poco menos malas que las demás.
Nada, nada, que me dejo llevar por la melancolía. Simplemente agradeceros, como siempre, a quienes os habéis pasado, leído o comentado aquí, aunque fuera una sola vez, en estos cinco años. ¡¡¡Muchas gracias!!!
Supongo que a ojos de cualquiera no sería incorrecto afirmar que ha sido un lustro consumido sin pena ni gloria, un blog más entre la infinita caterva de espacios anónimos que pululan por la red, pero para mí siempre fue y será mi hogar, mi rinconcito privado en el que refugiarme ante el desánimo; el lugar donde compartir entusiasmos y manías; el sitio, en definitiva, en el que soñar en voz alta, aunque tampoco demasiado alta, que no es cuestión de andar molestando a los demás. Para el recuerdo, la gente que decidió acompañarme un trecho en el camino, Hache, Eva, Boca, Red Wind o Penélope, por nombrar algunos; la ilusión de algún que otro comentario de Álvaro Pons o de Rafa Marín o la satisfacción y el orgullo, aunque pequeñito, por un puñado de reseñas, no demasiadas, un poco menos malas que las demás.
Nada, nada, que me dejo llevar por la melancolía. Simplemente agradeceros, como siempre, a quienes os habéis pasado, leído o comentado aquí, aunque fuera una sola vez, en estos cinco años. ¡¡¡Muchas gracias!!!
¿Y el resto qué...?


