No sabría decir si la película es buena, mediocre o una americanada más. Podría decir de ella que no me gustó nada en su momento y que sin embargo la segunda vez que la vi no me desagradó tanto como temía; que me atrae la tristeza y la confusión que destilan los personajes y la trama; que no me agradan sus coqueteos con la comedia y con un sentido del humor que no termina de cuajar, o que en especial me resulta decepcionante ese final de compromiso que pretende quedar bien con todos. Pero por encima de todo tengo claro que ni sus virtudes ni sus defectos son más dignos de alabanza o de enojo que de olvido. Y no obstante hete aquí que pese al mucho tiempo que ha transcurrido desde la primera vez que la ví, nunca he podido deshacerme de la profunda impresión que me causó esa sentencia lapidaria, ese mazazo en el centro neurálgico del ego que es la frase que pronuncia Michael Douglas y que debería figurar como la primera lección a aprender por cualquier aspirante a escritor que se precie: los libros no significan nada para casi nadie...jueves, 3 de marzo de 2011
La primera lección
No sabría decir si la película es buena, mediocre o una americanada más. Podría decir de ella que no me gustó nada en su momento y que sin embargo la segunda vez que la vi no me desagradó tanto como temía; que me atrae la tristeza y la confusión que destilan los personajes y la trama; que no me agradan sus coqueteos con la comedia y con un sentido del humor que no termina de cuajar, o que en especial me resulta decepcionante ese final de compromiso que pretende quedar bien con todos. Pero por encima de todo tengo claro que ni sus virtudes ni sus defectos son más dignos de alabanza o de enojo que de olvido. Y no obstante hete aquí que pese al mucho tiempo que ha transcurrido desde la primera vez que la ví, nunca he podido deshacerme de la profunda impresión que me causó esa sentencia lapidaria, ese mazazo en el centro neurálgico del ego que es la frase que pronuncia Michael Douglas y que debería figurar como la primera lección a aprender por cualquier aspirante a escritor que se precie: los libros no significan nada para casi nadie...martes, 11 de mayo de 2010
¿Es un caza?... ¿Es Robocop?... ¿Es Mazinger Z?... ¡¡¡Es Iron Man!!! (La película) (La primera)
Si el cine comercial norteamericano carga ya de por sí con el sambenito de ser repetitivo, poco original, bastante superfluo y no menos vacío, el de superhéroes lo hace igual pero reduplicado a la enésima potencia. Y además, con razón. Basta echar un vistazo a la ya prolongada lista de películas inspiradas en personajes Marvel y DC para cerciorarse de que a veces quien carga la fama también carda la lana. Y es que hablamos de un tipo de cine que, con sus diferentes niveles de calidad, resulta casi siempre efectista, ruidoso, más preocupado por el uso de los efectos especiales que por el desarrollo de tramas y personajes; por la acción sin descanso que por el conflicto humano, o en su caso, sobrehumano. Un cine que tiene la cualidad de cansar pronto y hacerse especialmente insoportable. En este sentido, Iron Man no es ninguna excepción. 
Por su parte, al igual que con el diseño de personajes, también el tópico del uso y abuso de efectos especiales se cumple con puntualidad anglosajona en Iron Man. Como era de esperar, la infografía invade cada encuadre del film recordándonos con insistencia quién es el verdadero protagonista de la película. Pero en su caso además los efectos especiales sirven como motor de las secuencias más inspiradas y divertidas de la misma, en mi opinión todo lo referente al diseño y elaboración de la armadura de Iron Man, con sus correspondientes pruebas y ensayos. Unos momentos que consiguen recuperar parte del encanto de los comic Marvel, esa especie de fascinación ingenua por lo prodigioso; la maravilla por la maravilla, sin necesidad de coartadas. Quizá esa sea la esencia del género, por más que a todos nos gustaría ver en las adaptaciones cinematográficas progresos en la dirección opuesta, o sea, en el refinamiento y la madurez de las propuestas. Sea como fuere, tampoco se puede desechar tan alegremente el valor de un esquema más clásico y con menos pretensiones, especialmente cuando ofrece resultados logrados.
¿Y el resto qué...?
miércoles, 27 de enero de 2010
Celda 211: ¿Quién vigila a los vigilantes? o Los reclusos somos gente honrada.
Antes de sacar el bisturí, remangarme y ponerme manos a la obra trataré de dejarlo bien claro: la película me ha gustado. Incluso en algunos momentos me ha gustado mucho. Digo esto porque seguramente en el transcurso de mi reseña no me quede más remedio que despellejarla de mala manera, así que si eso sucede quiero que tengáis siempre presente que lo hago en el buen sentido, con mucho amor y con mucho cariño. Y es que no voy a negar que Celda 211 es una película que divierte, que emociona a ratos, que solivianta el ánimo y que indigna contra quienes ejercen la autoridad y el poder única y exclusivamente como forma de abuso hacia los más desprotegidos. Vale. Pero no es menos cierto también que es una película que puede llevar a engaño. Porque tiene factura y presentación de cine social, de cinema verité, de esa clase de cine que toma por asalto la realidad y la muestra sin tapujos, arreando le duela a quien le duela y caiga quien caiga. Pero en verdad no es ni lo uno ni lo otro: Celda 211 es cine de género y nada más. Eso sí, buen cine de género, que tampoco es poco.La historia se inicia el día en que Antonio, tras largos años de malos tratos, carga la mano más de la cuenta y mata al fin a Pilar, con lo que inevitablemente da con sus huesos en el penal de Zamora. Allí su situación es dura y llena de calamidades. Y más aun cuando le diagnostican un cáncer de garganta que le deja la voz más rota que la de Louis Armstrong, alias Satchmo, tras una noche de borrachera. Pero Antonio, alias Malamadre, es fuerte y pese a la mucha pena que le embarga consigue encauzar por el buen camino su nueva vida entre rejas: se rapa el poco pelo que le queda, se deja crecer una barba un tanto desaliñada que le da aspecto de pordiosero, hace pesas de 9 a 15 todos los días, se tatúa alguna que otra telaraña en el bicep braquial derecho, estudia el cheli del Pozo del tío Raimundo por las tardes y ya de paso y como quien no quiere la cosa se hace el amo del cotarro (o el Amo del Calabozo, para los nostálgicos de Dragones y Mazmorras). Pero además Antonio, como ya sabemos de la primera parte, se gasta una mala hostia que ríete tú del Charles Manson ese, por lo que no se le ocurre otra forma de entretener su tiempo que liderando un motín justamente el día en que toma la alternativa como funcionario de prisiones Alberto Ammann, alias Calzones, alías Lope de Vega. Circunstancia esta que es aprovechada por sus nuevos compañeros de trabajo -los de Lope, no los de Antonio- para gastarle la preceptiva novatada y dejarlo al albur de los caprichos de Antonio y sus secuaces cabreados. Pero Lope, como ya demostrara en sus comedias, tiene un gran sentido del humor y les sigue la gracia transformándose en un recluso más. Qué digo en uno más; en el favorito de Malamadre –pobre Tachuela, alias Tachuela- al que por más que lo quiera disimular se le nota muchísimo que es el Antonio de Te doy mis ojos cuando sólo es capaz de imaginar a Lope como autor de un crimen si es a condición de ejecutarlo arrebatado por los celos, verdugo y victima al tiempo del clásico crimen pasional. Vamos, que cree el maltratador que todos son de su misma condición.
A todo esto, los reclusos de ETA leen y afilan lápices, lo cual mosquea mucho a la organización terrorista y al gobierno vasco; las autoridades competentes mandan a los GEOS y a un señor bajito con gafas que nunca levanta la voz ni dice una verdad mientras que los funcionarios se la pasan apalizando, sin hacer distinciones, a confidentes, peluqueros y mujeres embarazadas, con la mala fortuna de que esta última resulta ser la mujer de Lope, la cual, en señal de protesta por la situación de su marido, decide morirse. Y claro, llegados a este punto la cosa se pone seria, Lope abandona la comedia y se pasa al drama; para que nadie piense que va de farol le rebana el pescuezo a Resines, en parte también como represalia por su pésimo papel en Los Serranos y consigue convencer a Antonio Malamadre para que todos se dejen matar como buenos amigos. Menos un indio, que dispara puñales por la espalda con una repetidora de bolsillo que el mismo se ha fabricado y que resulta no ser tal indio sino el cuñado de Penélope Cruz. Y una vez todos muertos, la película se acaba.
En fin, un buen guión, con buenos personajes, que sin embargo peca unas veces de tópico y otras de maniqueo, dejando cierto regusto a ya visto, tal vez a imitación del cine comercial americano o a La estanquera de Vallecas, según se mire, pero sobre todo que obliga al espectador a plantearse cuestiones tan urgentes y tan necesarias como qué le habrán hecho a estos señores -novelista, guionista y director- los funcionarios de prisiones para que los traten y los retraten con tanta mala sangre.
Por algo será que llevo todo este tiempo evitando escribir (y eso que me he dejado en el tintero la alusión al panóptico de Bentham que tanto apasionaba a Foucault).
miércoles, 20 de enero de 2010
¡Qué grande es el cine musical!
B.S.O. Seven Brides for Seven Brothers
Cargado por memmoria. - Ver los videos de música recién destacados.
¿Y el resto qué...?
lunes, 14 de diciembre de 2009
Preguntas ocasionales
("No te pases ni un pelo, Fredo, no te pases ni un pelo...")
¿Y el resto qué...?
domingo, 8 de noviembre de 2009
Sesión de tarde
¿Y el resto qué...?
viernes, 30 de octubre de 2009
miércoles, 2 de septiembre de 2009
sábado, 25 de julio de 2009
Christiane F. (Yo Cristina)

Seamos sinceros, la mayoría de las películas que tratan del mundo de las drogas dan más ganas de hacerse drogadicto que de lo contrario. Resultan tan románticos esos héroes malditos al estilo de los de Drugstore Cowboy, recorriendo EE.UU. de costa a costa y de farmacia en farmacia, o parecen pasárselo tan bien y ser tan buenos coleguillas aquellos otros de Trainspotting, siempre con una sonrisa en la cara y un chute en las venas o es tan conmovedor ese amor entre jeringuillas e infidelidades de Al Pacino y Kitty Winn en Pánico en Needle Park que a cualquiera le entran ganas de salir en busca del camello más cercano y empezar a darle un sentido profundo a su vida. Salvo en el caso, claro, de que se haya visto Christiane F. (Yo Cristina): entonces seguramente se huirá de camellos y dromedarios como alma que lleva el diablo. Y es que cuando hablamos de Christiane F. nos estamos refiriendo al fílm más naturalista y más estremecedor que se haya rodado jamás con el tema de las adicciones como motivo principal. O al menos que yo haya visto nunca, y os aseguro que he visto unos cuantos.
domingo, 19 de julio de 2009
Watchmen: La versión extendida
Circula por Internet una versión extendida, original y con subtítulos, de Watchmen de la que no tengo ni idea si trata de la versión extendida definitiva que se pondrá a la venta pronto, o si sólo es una versión provisional; de lo que no me cabe duda es que en cualquier caso estamos ante una experiencia muy atractiva: en total 17 minutos nuevos esparcidos a lo largo y ancho de su metraje. Ya dije en mi reseña de la versión estrenada que uno de los grandes problemas de la adaptación era su ritmo cinematográfico fallido: a pesar de su generosa duración, la exposición de la trama me parece excesivamente atropellada, saltando con demasiada prisa de una escena a otra sin que el relato se detenga y privilegie ningún aspecto concreto. Pues bien, no se puede negar que la inclusión de más metraje ha jugado notablemente en favor de la cadencia y el compás del film. Incluso con añadidos mínimos, uno tiene la sensación de que ahora las imágenes casan mejor, que se articulan de forma más natural y que todo resulta menos forzado. Un ejemplo sencillo pero muy ilustrativo de la eficacia de los añadidos: en la escena en la que Dan regresa de su primera visita a Hollis para encontrarse con Rorschach comiendo judias, se han añadido un par de planos breves que lo acompañan en su camino de vuelta. Mientras oímos de fondo la melancólica música, un plano picado descendente recorre un cartel publicitario del perfume de Veidt. El mero hecho de que la escena dure un poco más, de que podamos escuchar más tiempo la música y la propia sugerencia del anuncio facilitan la identificación con los sentimientos del personaje. Como ya he dicho, no es más que una muestra extremadamente sencilla, pero insisto, creo que muy eficaz de cómo benefician los insertos al ritmo de la película. Eso sin hablar de la bella secuencia de la muerte de Hollis Mason, sin duda lo más destacado y lo más hermoso de la nueva versión. Y sin embargo, pese a todo, los minutos adicionales no consiguen arreglar por completo la aburrida parte final del film, esa que va desde que Laurie y Dan se vuelven a enfundar de cuero, hasta que Adrian recibe gustoso, en expiación de sus pecados, la paliza que le propina el propio Dan, que sigue pareciéndome cine infantiloide de superhéroes convencionales. Yo aquí tenía depositadas mis esperanzas en la inclusión de algunas escenas mostrando la forma en que la tensión de un inminente conflicto nuclear afecta a los personajes normales de la calle; el chaval y el quiosquero, el dr. Malcom y su esposa, las lesbianas.... Habría supuesto un contrapunto interesante para tanta patada y tanto puñetazo. Después de todo, esto mismo es lo que hace Moore en el tebeo para que no se le vaya de las manos la parte más superheroica, y por tanto la parte menos creíble de la historia.Resumiendo, que sí, que la versión extendida, o esta versión extendida, mejora la versión estrenada, aunque uno aun se la puede imaginar mucho mejor. Ahora que si soy sincero, lo que de verdad me ha sorprendido gratamente no ha sido la nueva extensión, sino la versión original. Añadidos aparte, gana muchísimo Watchmen -como casi todas las películas- con sus interpretaciones verdaderas.
viernes, 22 de mayo de 2009
Relatos del Navio Negro

Cada vez que se quiere derribar el mito de la perfección formal de Watchmen se saca a relucir, invariablemente, la historia del Navío Negro, un inserto que, nos aseguran, no aporta absolutamente nada al relato principal y que en consecuencia adquire la condicion de estorbo. Interpretación que pasa por alto, como ya se ha apuntado infinidad de veces, los paralelismos que existen entre las desventuras de su protagonista y las de Adrian Veidt , hecho que ofrece un nuevo elemento de juicio con el que valorar los sucesos de la trama principal de Watchmen. Interpretación que además olvida por completo a quién corresponde dentro de la ficción la autoría del relato y qué papel juega el mismo en el desenlace de la serie; interpretación que no valora, por último, la inmensa calidad que atesora en sí mismo el relato y lo que supone su pertenencia al género de piratas y no al de superhéroes. Y una interpretación que, por si fuera poco, ahora ha podido comprobar que si la historia del Navío Negro funciona perfectamente en el tebeo es debido precisamente a la pericia con la que Moore supo insertarla y hacerla interactuar con el resto de elementos de la narración. Y es que visto lo visto, es decir vista la versión animada, queda claro que separada y aislada del resto de la narración la historia ya no es la misma. Por más que se mantenga la fidelidad con el relato original, por más que se pueda beneficiar de las posibilidades del movimiento y de la voz espartana de Gerard Butler, lo cierto es que en el proceso de desenraizarla del argumento de Watchmen se ha dejado en el camino gran parte de su fuerza y su significado, dando como resultado un producto descafeinado de difícil interpretación e incluso, en algunos pasajes, un poco absurdo. Un ejemplo para que veáis a qué me estoy refiriendo: mientras en el cómic entendemos desde el principio el porqué de su tono macabro (ah, la EC, la EC) y podemos conjeturar, aunque a posteriori, un significado para esa balsa que navega a lomos de cadáveres, en el corto uno no puede más que preguntarse a cuento de qué tanta repugnancia y por qué diablos tiene que usar los materiales que usa para fabricar su embarcación.
En fin, lo dicho, una película que consigue aun sin pretenderlo reafirmar todavía más la perfección formal de Watchmen.
¿Y el resto qué...?
jueves, 26 de marzo de 2009
miércoles, 25 de marzo de 2009
Sueños de un seductor, de Herbert Ross: Allen antes de Allen
Aunque Allen dirigió su primera película, Toma el dinero y corre, allá por 1969, no sería hasta casi diez años después cuando con Annie Hall (1977) el director neoyorquino pareció encontrar la forma y el tono adecuados para sus películas, esa dosificación exacta de humor, drama, romanticismo y reflexión existencial que tan buen resultado le dio desde entonces. Prueba de ello es que durante la siguiente década Allen firmaría –y filmaría- las que posiblemente sean sus mejores películas: Manhattan (1979), La rosa purpura del Cairo (1985), Hannah y sus hermanas (1986) Otra mujer (1988) o Delitos y faltas (1989). Y sin embargo ya en el temprano 1972, cuando Woody continuaba aun inmerso en su periodo de aprendizaje existía un film que sin ser de Allen era casi tan alleniano como después llegarían a serlo sus mejores películas. Me estoy refiriendo, por supuesto, a Sueños de un seductor (Play it again, Sam) de Herbert Ross. Y es que Sueños de un seductor casi merecería figurar por derecho propio como la verdadera opera prima de Allen; un Allen antes de Allen.Guionizada por él mismo a partir de una pieza teatral propia, Sueños de un seductor encuentra en el oficio de ese artesano del cine que fue Herbert Ross el vehículo idóneo para su desarrollo; un oficio que le imprime la sobriedad, la solidez y la contención de las que hasta entonces venía careciendo el cine de Allen y que tan necearias resultaban para que por encima de todo pudieran subrayarse los retratos de los personajes y sus vicisitudes. No olvidemos que fue él mismo, sabedor de sus limitaciones tras la cámara, quien le pidió a Ross que se encargará del proyecto. Sin embargo a pesar de que el film presenta indudables similitudes con su cine posterior, Sueños de un seductor contiene rasgos y señas de identidad que la hacen diferente a las demás películas allenianas y que le otorgan una personalidad propia, independiente de aquellas. Así por ejemplo se podría señalar que mientras en la obra posterior de Allen la temática recurrente de la mutua incomprensión entre hombres y mujeres se produce predominantemente en el marco del matrimonio, o al menos en el contexto de parejas ya establecidas, en Sueños de un seductor esta mutua incomprensión se da más bien en la fase previa, cuando la pareja aun no se halla formada, o lo que es lo mismo, si en aquellas la dificultad estriba en la pervivencia de la pareja, aquí lo problemático es su misma formación; más aun, mientras que en su filmografía el amor suele brotar con evidente facilidad, incluso me atrevería a decir que con excesiva generosidad y sus personajes rara vez conocen verdaderamente lo que significa la soledad, en Sueños de un seductor a Alan Felix, el treintañero neurótico abandonado por su esposa al que da vida Allen, le costará dios y ayuda encontrar pareja. Dios y ayuda, o la ayuda de dios encarnado en la legendaria figura de un Bogart imaginario que servirá de modelo al personaje.

Pero además el humor de Sueños de un seductor no es tampoco exactamente el mismo al que nos tiene acostumbrado su filmografia madura; aquí aun la comicidad se sustenta más en el gag visual, en la desmedida torpeza de Allen, que en esos dialogos tan endiabladamente ingenioso que son santo y seña de sus películas. Y no es que en el film de Ross falten las conversaciones hilarantes, pero en ningún momento adquieren ese papel protagonista que sin duda toman en la obra del neoyorquino. Diferencias estas que le dotan, como ya digo, de una personalidad propia pero que sin embargo no ahogan en ella el sabor del mejor Woody Allen; de ese Allen inteligente, divertido, sensible e, incluso en algunos momentos, profundo.
En fin, una obra peculiar que resulta especialmente interesante por cuanto permite vislumbrar no sólo lo que habría de ser después el cine de director judío, sino incluso lo que hubieran podido ser sus películas anteriores a Annie Hall si Allen hubiera alcanzado antes su madurez tras la cámara o si hubiese cedido la dirección a profesionales más experimentado.
sábado, 14 de marzo de 2009
viernes, 13 de marzo de 2009
jueves, 12 de marzo de 2009
sábado, 7 de marzo de 2009
Watchmen, la película: primeras y apresuradas impresiones
Pues sí, ya ví “la película más esperada del año”, por lo que ahora sólo me queda aburrirme en lo que resta de 2009. Y vaya tela si esto es lo mejor que nos va a ofrecer el año cinematográfico. Porque efectivamente, como ya se puede intuir por mis palabras, Watchmen, la película, no me ha gustado. O no me ha gustado demasiado. No es que esté al nivel del Spirit de Miller, lo cual es muy de agradecer, pero en el fondo se queda en algo similar al V de Vendetta de McTiegue: un producto extraño, con temática y pretensiones muy alejadas de lo que suele ser habitual en el cine palomitero actual pero que sin embargo no consigue elevarse por encima del nivel medio de este tipo de cine. El film de Snyder , más allá de puntuales aciertos que casi podríamos decir que arrastra por la inercia de su fidelidad al original, no llega a ser en prácticamente ningún momento otra cosa que cine de evasión; un cine de evasión pasable y entretenido, pero en el fondo nada extraordinario.Y la verdad es una pena porque durante la primera mitad de su metraje uno tiene la sensación de que si bien no está viendo una obra maestra del cine, si que podría estar ante un film de sólidos méritos, tal vez cercanos a los conseguidos por El caballero oscuro de Nolan. Con una estetica y una estructura muy fiel a la de la novela gráfica de Moore, la primera parte de Watchmen, como en el original, se centra en la presentación del escenario y los actores de la historia. Asistimos sin duda a lo mejor de la película de Snyder: lo atípico de estos superhéroes, amorales, violentos y más patéticos que heroicos y las divergencias de un mundo y una corriente temporal que recuerdan al nuestro sin llegar a serlo siguen sorprendiendo y fascinando por más que uno se los sepa ya de memoria. En este sentido resultan especialmente destacables tanto el retrato de El comediante, configurado, como debe ser, a partir de los recuerdos de los demás vigilantes -espeluznante el intento de violación de Sally- como la narración, en primera persona, del origen de Dr. Manhattan, ambos resueltos con indudable habilidad. La figura de El comediante dota por momentos a la película de una franqueza y una verosimilitud que después se encargará de defraudar el segundo tramo del film; por su parte, la historia de Manhattan es, a la postre, la parte más lírica, emotiva y conseguida de la película. Sin embargo toda esta primera mitad, cuyo límite yo situaría aproximadamente entre la captura de Rorschach y la primera salida superheroica de Dan y Laurie, adolece de un ritmo excesivamente precipitado que no encuentra tiempo para detenerse con calma en la vicisitudes de los personajes. El excesivo afán de mimetismo de Snyder y su voluntad de meterlo todo en la película le priva a esta de un ritmo más sosegado que sin duda haría de ella una obra mucho más interesante. Pero no, Snyder apenas hace discriminación entre el extensisimo material de la novela gráfica, por lo que no queda espacio ni tiempo para poner enfasís en ningún aspecto de la historia. En ninguno salvo en la violencia, en la que Snyder se recrea siempre que puede, alargando innecesariamente cada episodio con la clara intención de conseguir un producto más comercial. Un uso de la violencia bastante descarnado que si bien en un principio pudiera encontrar justificación en el deseo de mostrar sus efectos de la forma más realista posible, lo cierto es que en el conjunto de la película acaba resultando tan efectista y poco creíble como en cualquier otro blockbuster.

Y hasta aquí llegan la virtudes de la versión fílmica. Porque a partir de esa línea que he fijado, Watchmen pierde la poca personalidad que hasta el momento había mostrado -resulta alarmante comprobar la falta de personalidad de la que adolece el cine del señor Snyder- para convertirse en la vulgar película de acción superheroica que todos nos estábamos temiendo. Es cierto que de alguna manera el cómic de Moore es así, después de todo, aunque algunos lo quieran negar, Watchmen es básicamente un tebeo de superhéroes. Pero la obra de Moore sabe mantener en este tramo el adecuado y necesario contrapunto a la acción de carácter superheroico, o sea a la menos creíble, explorando de continuo ese mundo divergente y de paso desarrollando la trama de unos personajes normales y corrientes (el quiosquero y el chaval, las lesbianas, el doctor Malcom y su esposa) de los que el film, al menos en la versión estrenada -ya veremos si también en la versión DVD- acaba prescindiendo. La consecuencia es que la última parte termina siendo única y exclusivamente una rutinaria y algo aburrida explosión de violencia gratuita que se carga cualquier atisbo de credibilidad y profundad que pudiera albergar el film. Toda la originalidad de la propuesta, toda la espesura psicológica, toda la reflexión política de la novela gráfica, es decir todo aquello que hace de Watchmen , brillantez formal aparte, un tebeo que transciende su género, es arrojado por la borda en la película en esta segunda parte. Y desgraciadamente, en la impresión global que deja el film, es sin duda esta última la que se impone.
Resumiendo, una película fallida, que por momentos deja entrever lo que pudiera llegar a ser en manos de un director con más talento, pero que sin embargo no consigue ser otra cosa que una película comercial más. Eso sí, una película comercial bastante atípica.