
Al final han sido siete meses de infidelidades continuas, siete meses de tontear con unas y con otras, de acostarme con cualquiera. Pero a últimas el cariño manda y la nostalgia se impone. Cierto es que uno regresa al hogar verdadero un poco con el rabo entre las piernas, con el desencanto y la tristeza que acompaña a la aventura que se acaba antes de tiempo, al proyecto que termina antes de lo esperado y acaso también antes de lo deseado. Pero tampoco merece la pena echar la mirada atrás más tiempo del necesario; lo hecho hecho está y ahora sólo resta absorber la experiencia y sacarle provecho con vistas al futuro. Y mi futuro, y mi presente, se encuentran aquí, entre las líneas atribuladas de este espacio sin imposiciones ni censuras, sin reproches ni exigencias; de este lugar idóneo en el que dar rienda suelta sin miedos ni cortapisas a mis impulsos más primarios, por más faltos de sentido que puedan resultar a los demás o por más estupidos, perezosos o cuquis que se me puedan presentar.
Bienvenido.
¿Y el resto qué...?
Bienvenido.