viernes, 12 de enero de 2007

Birdland, de Beto Hernández

Con esta reseña voy a terminar prontito: cómic –ojo, solo defino, no juzgo- que da exactamente lo que promete –lo único que buscaba yo cuando lo compré-: pornografía pura y dura. Porque es eso y no otra cosa, por más que Beto trate de esbozar una historia y unos personajes, lo que ofrece Birdland. En definitiva, un tebeo que sirve para lo que sirve, pero que como suele suceder con este tipo de productos, tarda poco en aburrir. Casi tan poco como se tarda en leer mi reseña. Aunque aquel de forma más gozosa.

Puntuación: 5


¿Y el resto qué...?

jueves, 11 de enero de 2007

El libro negro, de Orhan Pamuk

Una vez se dijo de García Márquez –no me pregunten ni dónde ni cuándo; mi memoria ya no es la que era- que la clave de sus novelas era un buen inicio y un buen final. El inicio, claro está, con el fin de enganchar al lector y conseguir que se trague el resto; el final, no menos claro que lo anterior, para que el lector salga de la misma con un buen sabor de boca, hecho que extenderá a la novela al completo. Pues bien, me queda la sensación de que el flamante Premio Nobel 2006, Orhan Pamuk, se aplicó bien el cuento cuando compuso El libro negro: la novela se abre con un planteamiento inicial muy atractivo, en el que un joven abogado, Galip, es abandonado por su adorada esposa Rüya sin más preaviso que una pequeña y ambigua nota de apenas diecinueve palabras; un abandono que coincide además con la misteriosa desaparición del hermanastro de ésta, afamado y polémico columnista con un mundo propio muy particular lleno de claves y secretos en el que se nos introducirá a través de las propias crónicas del personaje. Un planteamiento inicial que le sirve a Pamuk para adoptar la siempre atrayente formula de la investigación detectivesca y lanzarnos, a través de los lugares más recónditos de Estambul, a una búsqueda desesperada que es en verdad más filosófica y existencial que física. Y de la mano de esta premisa, y con el interés ya captado, adentrarnos en esa parte central que, según la crítica más radical, García Márquez no cuida; una parte central en la que Pamuk aburre inmisericórdemente con su indigesta batería de teorías, lecturas, relecturas, interpretaciones, fantasmagorías, ilusiones y espejismos en torno a las dificultades a las que debe enfrentarse Oriente si quiere mantener sus señas de identidad frente a la occidentalización triunfante.

Un tema que no carece de interés por sí mismo, pero que expuesto de la manera en la que lo hace la novela me hizo perder la atención más de lo deseable. Y sin embargo, hete aquí que si aguantas el chaparrón, si aprietas los dientes y sigues adelante, resulta que te encuentras con un final sencillamente soberbio, en el que se atan todos los flecos pendientes, en el que hasta la más enrevesada de las teorías parece recibir una explicación satisfactoria y que consigue, además – y esto me parece especialmente meritorio en un libro tan decididamente intelectual- llegar al corazón y emocionar.

El resultado, como ya preveían las malas lenguas, es que efectivamente la novela entusiasma en su conjunto y deja la sensación de una lectura bien aprovechada. Y de paso confirma que a pesar de sus evidentes connotaciones geopolíticas, los premios Nóbel son siempre –o casi siempre, seamos cautelosos- una apuesta segura.

¿Y el resto qué...?

martes, 9 de enero de 2007

D.R. y Quinch se lo pasan bomba en la Tierra

¿Se puede contar la historia de la humanidad, desde sus albores hasta su desaparición, en tan solo 6 páginas, al mismo tiempo que se hace una nueva interpretación de la misma y de paso se divierte a los lectores? Pues Alan Moore lo hizo. Y no conforme, y en vista de que aun le sobraba espacio, aprovechó además para presentar a dos nuevos personajes e iniciar otra cabecera en la revista 2000 a.d. Porque todo esto es lo que ofrece la primera historieta de D.R. & Quinch -D.R. y Quinch se lo pasan bomba en la Tierra- una obra que reconozco haber comprado, tras la poco recomendable Skizz, más que nada por afán de completismo y cuya primeras páginas he leido no por otra razón que por confirmar sospechas y quedar exento de la obligación de leer las demás. Sin embargo, en lugar de ello, he quedado tan admirado como obligado a leer el resto. Ya contaré si las demás historias mantienen el nivel. Pero pase lo que pase, vaya por delante mi entusiasta recomendación para esta primera historia, historia que yo quisiera dedicar a todos aquellos que creen que Moore es demasiado cerebral como para manejarse con soltura en el campo del humor.
¿Y el resto qué...?

viernes, 5 de enero de 2007

Constellation , de Frederik Peeters

En su día hice un listado de cómics cuya lectura me habían resultado francamente decepcionante. Ya dije entonces que no es que me parecieran malos tebeos; se trataba simplemente de que la impresión que me dejaron no estaba a la altura de lo que había esperado. Y es que las expectativas previas puestas en la lectura de una obra marcan mucho, querámoslo o no, su valoración final. Pues bien, este sentido, a diferencia de lo que le sucedió a Píldoras Azules, Constellation se ha beneficiado indudablemente de esta forma de prejuicio: tras la decepción que me supuso aquella, poco o nada esperaba yo de esta. Y no esperando nada... pues eso, que me ha gustado mucho. Ya me lo advirtió alguien en uno de los escasos comentarios que recibo; Peeters es mejor cuando no va de autor.

Constellation es apenas un modesto ejercicio de estilo en el que el autor francés mide fuerzas y ensaya posibilidades sin dejar, por ello, de lograr eso tan difícil y tan necesario que es conseguir captar el interés del lector desde el inicio e, incluso, sorprenderlo con lo singular de su estructura. En este sentido Constellation aparenta ser poco más que una obra de genero centrada en las desventuras de un espía internacional en los albores de la guerra fría. Sin embargo, tras este planteamiento, engañosamente sencillo, se esconde un sugerente análisis que gira en torno a los límites de nuestra capacidad para hacernos una representación fiel de la realidad que nos rodea; de hasta dónde somos capaces de comprender qué es lo que verdaderamente esta sucediendo a nuestro alrededor. Así Peeters juega con la sucesión de los distintos puntos de vista de los personajes para entre todos conformar el puzzle integro de los hechos, siempre distinto a la impresión parcial de cada uno de ellos o a la del lector. La sensación final es la de haber asistido a un sencillo juego de espejos, tal vez no demasiado ambicioso, pero si muy agradecido.

Ya digo, una muy grata sorpresa para el mua. Tanto que hasta puede que acabe dándole una oportunidad al Lupus.


Puntuación: 8



¿Y el resto qué...?

jueves, 4 de enero de 2007

El otro Garth Ennis

Acabo de leer Nightingale de Garth Ennis y David Lloyd, y como siempre que leo algo del guionista irlandes fuera de los límites propios de los superhéroes o de Predicador, me vuelve a invadir la triste sensación de que a nada que este hombre hubiera querido refrenar su exagerada tendencia al humor más macarra e infantil, a nada que se hubiera tomado un poco más en serio a si mismo, podríamos habernos hallado ante el guionista más sólido del mainstream norteamericano de las últimas decadas. Porque a Ennis, por más que a él le cueste reconocerlo, le sienta bien la seriedad: su sensibilidad está lo suficiéntemente alejada de cualquier intelectualismo o pedantería poética que le pueda hacer caer en la ñoñería o en la pseudoerudición en la que a veces caen los ingleses Moore o Gaiman cuando pretenden ofrecer productos de mayor calidad. Al contrario; el irlandes es capaz de alcanzar en sus historias serias ese difícil equilibrio entre la narración sencilla y carente de artificios y la narración que va más allá del simple entretenimiento. Para ello huye siempre de los juegos lingüísticos y metalingüísticos que tanto parecen agradar a los otros y otorga todo el protagonismo de las historias a los hechos y a los personajes. Como ejemplo paradigmático de este buen hacer queda ese excelente retrato de los problemas de convivencia que asolaron a su Irlanda natal que es Hearthland , tierra del corazón, en la que Ennis construye, apoyándose solamente en la sencillez de los dialogos, una historia que vence y convence por su sinceridad y naturalismo. O la estupenda saga de War Stories, donde sabe renunciar, muy acertadamente, al sensacionalismo fácil que ofrecen las atrocidades de la guerra para centrarse, por el contario, en la exploración de lo que llega a ser el hombre cuando se ve abocado a las condiciones más terribles. Planteamientos verdaderamente adultos que nada tienen que ver con la supuesta madurez de la mayoría de las historias de Predicador, donde rara vez se supera el teta culo caca pis, que tan profundo parece resultarle a muchos.

Y sin embargo, desgraciadamente, nos volvieron a dar gato por liebre y nos fuimos a quedar, como cuando preferimos el VHS al Beta, con el peor de los Ennis posible, cerrando, seguramente, muchas opciones a ese otro Ennis que es en verdad el único interesante. Lo de siempre.


¿Y el resto qué...?