sábado, 15 de julio de 2006

El humor de Enrique Jardiel Poncela

No lo voy a negar; el humor de Groucho Marx está bien, el de Woody Allen, también. Pero ninguno como el humor de nuestro patrio Enrique Jardiel Poncela. Y es que Jardiel Poncela aúna al surrealismo delirante de Marx el melancólico escepticismo de Allen, pero todo ello sazonado con una malaleche negrísima que sin duda lo sitúa por encima de ambos. Así sus novelas y piezas teatrales se convierten en demoledores ataques a instituciones tan intocables como el matrimonio, la iglesia, el amor o incluso la propia mujer. Porque efectivamente Jardiel descree de todas las convenciones sobre las que se asienta la sociedad, a las que considera simples juegos hipócritas bajo los que se trata de ocultar los verdaderos pilares que la sostienen: el estómago, el sexo y el dinero. Jardiel sabe que la vida es un feroz drama, pero por ello mismo, porque está convencido de su carácter dramático, apuesta decidídamente por tomársela como si de la más absurdas de las comedias se tratase: se ríe de todo y de todos, pero siempre desde la brillantez de un ingenio verdaderamente acerado.
Basta pasearse por algunas de sus geniales frases para comprobar como lo corrosivo de su humor sólo encuentra parangón en su luminosidad.

Recordemos algunas de ellas:

-El amor es como la salsa mayonesa: cuando se corta, hay que tirarlo y empezar otro nuevo.

-Hay dos maneras de conseguir la felicidad, una hacerse el idiota; otra serlo.

-La mujer adora al hombre igual que el creyente adora a Dios; pidiéndole todos los días algo.

-El amor es una comedia en un sólo acto: el sexual.

-Los senos de la mujer son la única persistencia del hombre; los coge al nacer y ya no los suelta hasta morir de viejo.

-El hombre que se ríe de todo es que todo lo desprecia. La mujer que se ríe de todo es que sabe que tiene una dentadura bonita.

-El que no se atreve a ser inteligente, se hace político.

-Patrimonio es un conjunto de bienes; matrimonio es un conjunto de males.

-Para encontrar gusto a la vida, no hay como morirse.

-Los solteros saben que todos los matrimonios son desgraciados; los casados creen que el único matrimonio desgraciado es el suyo.

-Si vuestra prometida es realmente una santa, llevadla inmediatamente al altar; pero dejadla en él y volveos a casa.

-Las mujeres tienen las mismas costumbres de los salvajes: adornarse con plumas, colgarse aros de las orejas, pintarse la cara y vivir conquistando a los vecinos.

-El amor es como los columpios, porque casi siempre empieza siendo diversión y casi siempre termina dando náuseas.

-Toda sociedad es un organismo podrido que se conserva gracias al hielo de la hipocresía.

-La vida es como una mujer muy querida que no se portase bien con nosotros: todos los días nos haríamos el propósito de abandonarla y nunca nos encontraríamos con fuerzas suficientes para ello.

Bueno, creo que esta pequeña muestra servirá para que os hagais una idea de lo que quiero decir.
De todas formas hacedme caso y no dejeis de leerlo. Me lo acabareis agradeciendo.


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