jueves, 22 de enero de 2009

Made in Japan


Hoy toca un breve documental emitido en su día por Canal + (no sé si es además de producción propia; me barrunto yo que sí) en el que se trata con desenfado todo lo referente al auge a nivel mundial del Ánime y, por extensión, de su contrapartida de papel, el manga. Para completar añadiré un pequeño fragmento de lo que escribí en otro momento sobre el tema.

"Mucho se está hablando últimamente del cada vez más apabullante dominio del manga en el panorama del tebeo. Mucho se está especulando sobre sus razones, consecuencias y posibles vías de solución, como si el hecho en sí planteara problema alguno. En mi opinión –nada autorizada- no estamos más que asistiendo al inevitable , natural y deseable liderazgo de la que es, sin duda, la industria del cómic más desarrollada del mundo y por tanto, la que está llamada por derecho propio a ejercerlo. Y es que por más vueltas que le queramos dar al tema, lo cierto es que hoy por hoy no existe otra industria que se le pueda comparar en ningún aspecto: ni en grado de aceptación dentro de su propio país, ni en dimensiones de producción, ni en diversidad de géneros y propuestas o en la calidad media de sus productos. En este sentido el tebeo japonés es el único que posee la estructura y organización necesarias para garantizar la creación regular y sistemática de obras de calidad sin tener que depender de la aparición de talentos individuales, esporádicos y aislados. Es decir, la japonesa es la única industria del tebeo en el mundo que ha alcanzado la plena madurez, lo que le ha permitido adquirir la tan necesaria carta de naturalidad que la sitúa a la altura de otras industrias más reputadas, como pueda ser, por ejemplo, la del libro convencional. Así que creo que lo más deseable sería, precisamente, tomarla como punto de referencia y tratar de seguir y aprovechar su ejemplo hasta donde las diferencias lo permitan."


¿Y el resto qué...?

miércoles, 21 de enero de 2009

Following, de Christopher Nolan

Lo primero que sorprende en la opera prima de Nolan es su distancia estética con respecto a sus posteriores films: el ritmo y la fotografía de Following recuerdan más al Eric Rommer de El amor después del mediodia o a cualquier integrante de la Nouvelle Vague que a las ruidosas producciones hollywoodienses al estilo de Memento, El truco final o la saga de Batman. Y es que al contrario de lo que suele suceder en este tipo de cine, Nolan da aquí primacía a la composición de los caracteres antes que al desarrollo de la trama, deteniendose morosamente durante toda la primera parte del metraje en las vicisitudes y opiniones de los personajes. Una primera parte cuyo guión parece por momentos firmado por el mismísimo Paul Auster. Sin embargo, a pesar de estas llamativas diferencias, no es difícil darse cuenta que ya en este Nolan primerizo van asomando algunas de las constantes que lo han definido a lo largo de su carrera, fundamentalmente su inconformismo con las formas narrativas convencionales y su afán por pillar en fuera de juego a los espectadores.

Bill es un aspirante a escritor –madre mía, qué cantidad de aspirantes a escritores hay en el cine- en horas bajas que buscando inspiración se dedica a seguir por las calles a completos desconocidos. Vamos, lo que haría cualquiera en esa situación. Pero cuando Jeremy Theobald se percate de ello Bill no va ha encontrar un argumento para sus novelas; lo encontrará para su propia vida. Porque en Following, como en Memento, o en El truco final, nada es lo que parece y lo que comienza siendo un juego inocente derivará pronto en un perverso -y para qué negarlo, bastante improbable- complot que no le augura nada bueno a Bill.

Curiosamente según la película se va adentrando en el meollo de la historia, según va perdiendo el tono intimista del principio para abandonarse a la intriga de genero negro su ritmo parece resentirse y extraviar en cierta medida su cuidado pulso narrativo. Pero tampoco en exceso; lo cierto es que el corto metraje de la cinta, apenas 70 minutos, no se lo permite. Con todo, lo mejor está en la sorprendente habilidad con la que Nolan es capaz de alterar la linealidad del relato, saltando en el tiempo a su antojo sin necesidad de una justificación y sin que por ello se resienta la claridad de lo expuesto o el resultado parezca arbitrario y artificioso. Una habilidad que sin duda compensa sobradamente cualquier defecto de su trama y que la convierte, en mi humilde opinión, en una de las películas más interesantes del director británico. Lo que no es decir poco.

¿Y el resto qué...?

Will Eisner en televisión



Os dejo una muy interesante y meritoria entrevista a nuestro apreciadísimo -ahora aun más apreciado gracias a Miller- Will Eisner. El interés reside por supuesto en las palabras del dibujante y el mérito, desgraciadamente, en la habilidad para leer los subtitulos. O en enterder inglés. O en interpretar las expresiones faciales y la comunicación no verbal con la suficiente soltura como para saber lo que dice. Eso es ya problema vuestro.
¿Y el resto qué...?

martes, 20 de enero de 2009

El decálogo del perfecto cuentista, según Horacio Quiroga

I
Cree en un maestro -Poe, Maupassant, Kipling, Chejov- como en Dios mismo.

II
Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en domarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo.

III
Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia.

IV
Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.

V
No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.

VI
Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: "Desde el río soplaba el viento frío", no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre sí consonantes o asonantes.

VII
No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.

VIII
Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos no pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.

IX
No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.

X
No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento.


Algún día, algún día...




¿Y el resto qué...?

domingo, 18 de enero de 2009

The Spirit, versión 1984: la buena

Esto si que es cine, esto si que es fidelidad al original, esto si que es calidad de imagen...

Bueno, qué pasa, sigo prefiriéndola a la de Frank Miller.

¿Y el resto qué...?