estosololoarreglamossinellos.orgAmén hermanos.
¿Y el resto qué...?
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"Estad siempre borrachos. Nada más importa: ésta es la única cuestión. Si no quieres sentir el horrible peso del Tiempo cuando sobre tus hombros te aplasta contra la tierra, emborráchate sin descanso.
¿Y el resto qué...?
Antes de sacar el bisturí, remangarme y ponerme manos a la obra trataré de dejarlo bien claro: la película me ha gustado. Incluso en algunos momentos me ha gustado mucho. Digo esto porque seguramente en el transcurso de mi reseña no me quede más remedio que despellejarla de mala manera, así que si eso sucede quiero que tengáis siempre presente que lo hago en el buen sentido, con mucho amor y con mucho cariño. Y es que no voy a negar que Celda 211 es una película que divierte, que emociona a ratos, que solivianta el ánimo y que indigna contra quienes ejercen la autoridad y el poder única y exclusivamente como forma de abuso hacia los más desprotegidos. Vale. Pero no es menos cierto también que es una película que puede llevar a engaño. Porque tiene factura y presentación de cine social, de cinema verité, de esa clase de cine que toma por asalto la realidad y la muestra sin tapujos, arreando le duela a quien le duela y caiga quien caiga. Pero en verdad no es ni lo uno ni lo otro: Celda 211 es cine de género y nada más. Eso sí, buen cine de género, que tampoco es poco.
A todo esto, los reclusos de ETA leen y afilan lápices, lo cual mosquea mucho a la organización terrorista y al gobierno vasco; las autoridades competentes mandan a los GEOS y a un señor bajito con gafas que nunca levanta la voz ni dice una verdad mientras que los funcionarios se la pasan apalizando, sin hacer distinciones, a confidentes, peluqueros y mujeres embarazadas, con la mala fortuna de que esta última resulta ser la mujer de Lope, la cual, en señal de protesta por la situación de su marido, decide morirse. Y claro, llegados a este punto la cosa se pone seria, Lope abandona la comedia y se pasa al drama; para que nadie piense que va de farol le rebana el pescuezo a Resines, en parte también como represalia por su pésimo papel en Los Serranos y consigue convencer a Antonio Malamadre para que todos se dejen matar como buenos amigos. Menos un indio, que dispara puñales por la espalda con una repetidora de bolsillo que el mismo se ha fabricado y que resulta no ser tal indio sino el cuñado de Penélope Cruz. Y una vez todos muertos, la película se acaba.
En fin, un buen guión, con buenos personajes, que sin embargo peca unas veces de tópico y otras de maniqueo, dejando cierto regusto a ya visto, tal vez a imitación del cine comercial americano o a La estanquera de Vallecas, según se mire, pero sobre todo que obliga al espectador a plantearse cuestiones tan urgentes y tan necesarias como qué le habrán hecho a estos señores -novelista, guionista y director- los funcionarios de prisiones para que los traten y los retraten con tanta mala sangre.
Por algo será que llevo todo este tiempo evitando escribir (y eso que me he dejado en el tintero la alusión al panóptico de Bentham que tanto apasionaba a Foucault).