jueves, 4 de diciembre de 2008
Gustavo Bueno: El mito de la derecha
Ya tenemos nuevo libro de nuestro polemista favorito, don Gustavo Bueno: El mito de la derecha. Después del repasillo que le dio al concepto de izquierda, especialmente a la idea de una izquierda unitaria inexistente, ahora el padre del cierre categorial posa su atención en el análisis de su contrapartida: la derecha. Una derecha que para Bueno constituye una realidad evidente, aunque planteada en términos míticos, y que efectivamente se opone al concepto de izquierda, pero más como su complementario dentro de un sistema global, el estado, que como una verdadera némesis. Tanto que el comedor de pan riojano en su clasificación llega incluso a hablar de una derecha socialista, una categoria que sin duda dará mucho juego. Pero en fin, mejor dejemos que sea él mismo quien nos lo explique:
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jueves, 27 de noviembre de 2008
Teatro a las tres (Sobredosis de Beckett y Pinter)

(La jovén es alta y de complexión robusta. Sin embargo se desploma sobre la silla del despacho de piedra arenisca como sí todas sus resistencias hubieran cedido en ese preciso instante. Al otro extremo de la mesa el señor Duarte la observa impasible.)
-Necesito saberlo, señor Duarte.
- ¿El qué, señorita Urdiales?
-Los he visto… todos… cerrados. Hoy, en el archivo; reconocí de inmediato mi letra… todos… cerrados...
- Y bien, ¿cuál es el problema?
-No puedo seguir con esto… necesito saber para qué… por qué...
-¿Acaso ha dejado de recibir la contraprestación acordada?
-No, pero…
-Es un acuerdo muy generoso, señorita Urdiales.
-Sí, pero…
-¿Pero…?
-No puedo entenderlo, señor Duarte.(Se retuerce nerviosa las manos) Al principio pensé que era una especie de prueba de lealtad… ya sabe, hasta dónde estaba dispuesta a llegar si me lo ordenaba…
-Ajá…
-Después se me han pasado por la mente miles de teorías absurdas: que espera que le descubra algo de su vida que por sí mismo no es capaz de apreciar…
-Sí…
-Que teme que alguien le este vigilando… alguien más, se entiende…
-Ya.
-Que… que... no lo sé… no lo sé… no tiene … (la joven ahoga un grito desperado)
-¿Qué no tiene, señorita Urdiales?
-… ¡¡¡no tiene sentido!!!. (Al fin suelta el grito que se le había atorado en la garganta. Ahora está más relajada)
-Eso es, señorita Urdiales, nada tiene sentido.
-Pero… pero… no es cierto, sólo esto no lo tiene. No tiene sentido que me pague la fortuna que me está pagando para que le siga tres días a la semana si después ni se va a molestar en abrir los informes…
-Oh, no, no, evidentemente no lo ha entendido usted. Es todo lo contrario. Nada tiene sentido, sólo esto lo tiene.
-No… no puedo entenderlo…
-¿Lee usted, señorita Urdiales?
-¿Perdón...?
-Si lee usted, señorita Urdiales. O si le gusta ir al cine. Seguro que sí, a todo el mundo le gusta ir de vez en cuando al cine. Entonces en más de una ocasión se habrá emocionado viendo las andanzas de los personajes en la pantalla; alguna que otra vez habrá vertido una lágrima emocionada por la suerte del joven galán capaz de sacrificarse por su amada aun a sabiendas de que nadie, ni siquiera su amada, va a conocer que fue él quien la salvó…
-Pues sí, pero no veo qué…
-Oh, es fácil señorita Urdiales. Es un gesto hermoso, ¿verdad? Un gesto capaz de emocionar a cualquiera. Pero, ¿se ha preguntado alguna vez por qué es tan hermoso?
-No sé…tal vez... ¿por heroico?... ¿por romántico?... ¿por grandioso?... ¿por…?
-No, no,no. Sólo, y tan sólo, porque hay alguien observándolo. Usted... yo... los espectadores. ¿Se da cuenta?
-…
-Nada tiene sentido, señorita Urdiales, nada. Pero en los libros, en las películas, en cualquier obra de ficción todo parece tenerlo. En la ficción hasta los hechos más trágicos están imbuidos de un halo poético muy seductor. Incluso los sucesos más crueles, los más injustos, los más terribles… Porque nosotros estamos mirando y les otorgamos un sentido. Sólo por eso, señorita Urdiales…
-…
-No le quepa duda, si mi vida tiene ahora algún sentido es gracias a usted, a su mirada… los informes son sólo un tramite para asegurarme que sigue ahí, observando.
-…
-¿Lo entiende ahora?
-…
-…
-Está usted como una cabra, señor Duarte
-Necesito saberlo, señor Duarte.
- ¿El qué, señorita Urdiales?
-Los he visto… todos… cerrados. Hoy, en el archivo; reconocí de inmediato mi letra… todos… cerrados...
- Y bien, ¿cuál es el problema?
-No puedo seguir con esto… necesito saber para qué… por qué...
-¿Acaso ha dejado de recibir la contraprestación acordada?
-No, pero…
-Es un acuerdo muy generoso, señorita Urdiales.
-Sí, pero…
-¿Pero…?
-No puedo entenderlo, señor Duarte.(Se retuerce nerviosa las manos) Al principio pensé que era una especie de prueba de lealtad… ya sabe, hasta dónde estaba dispuesta a llegar si me lo ordenaba…
-Ajá…
-Después se me han pasado por la mente miles de teorías absurdas: que espera que le descubra algo de su vida que por sí mismo no es capaz de apreciar…
-Sí…
-Que teme que alguien le este vigilando… alguien más, se entiende…
-Ya.
-Que… que... no lo sé… no lo sé… no tiene … (la joven ahoga un grito desperado)
-¿Qué no tiene, señorita Urdiales?
-… ¡¡¡no tiene sentido!!!. (Al fin suelta el grito que se le había atorado en la garganta. Ahora está más relajada)
-Eso es, señorita Urdiales, nada tiene sentido.
-Pero… pero… no es cierto, sólo esto no lo tiene. No tiene sentido que me pague la fortuna que me está pagando para que le siga tres días a la semana si después ni se va a molestar en abrir los informes…
-Oh, no, no, evidentemente no lo ha entendido usted. Es todo lo contrario. Nada tiene sentido, sólo esto lo tiene.
-No… no puedo entenderlo…
-¿Lee usted, señorita Urdiales?
-¿Perdón...?
-Si lee usted, señorita Urdiales. O si le gusta ir al cine. Seguro que sí, a todo el mundo le gusta ir de vez en cuando al cine. Entonces en más de una ocasión se habrá emocionado viendo las andanzas de los personajes en la pantalla; alguna que otra vez habrá vertido una lágrima emocionada por la suerte del joven galán capaz de sacrificarse por su amada aun a sabiendas de que nadie, ni siquiera su amada, va a conocer que fue él quien la salvó…
-Pues sí, pero no veo qué…
-Oh, es fácil señorita Urdiales. Es un gesto hermoso, ¿verdad? Un gesto capaz de emocionar a cualquiera. Pero, ¿se ha preguntado alguna vez por qué es tan hermoso?
-No sé…tal vez... ¿por heroico?... ¿por romántico?... ¿por grandioso?... ¿por…?
-No, no,no. Sólo, y tan sólo, porque hay alguien observándolo. Usted... yo... los espectadores. ¿Se da cuenta?
-…
-Nada tiene sentido, señorita Urdiales, nada. Pero en los libros, en las películas, en cualquier obra de ficción todo parece tenerlo. En la ficción hasta los hechos más trágicos están imbuidos de un halo poético muy seductor. Incluso los sucesos más crueles, los más injustos, los más terribles… Porque nosotros estamos mirando y les otorgamos un sentido. Sólo por eso, señorita Urdiales…
-…
-No le quepa duda, si mi vida tiene ahora algún sentido es gracias a usted, a su mirada… los informes son sólo un tramite para asegurarme que sigue ahí, observando.
-…
-¿Lo entiende ahora?
-…
-…
-Está usted como una cabra, señor Duarte
-Lo sé, señorita Urdiales.
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Teatro
miércoles, 26 de noviembre de 2008
Yo quiero escribir como Tennessee Williams (nos ha jodido, ¿y quién no?)
A falta de otra cosa lo que más aprecio de una obra literaria es su ingenio, su inteligencia, su sentido del humor y su capacidad para salirse de lo esperado. Es decir, todo aquello que hace de los cuentos de Quim Monzó, de Agusto Monterroso o de Julio Cortazar mis principales modelos, con perdón, a la hora de escribir.
Además admiro profundamente las obras que son capaces de tomar por asalto la realidad con la sencillez como única arma; sin gestos impostados, sin artificios, sin excesos dramáticos; sólo sinceridad y honradez. Obras que se erigen en espejos fieles de la realidad, cuando no es la misma realidad la que parece ser un reflejo de aquellas, como las de Raymond Carver o J.M. Coetzee.
Aun más, me apasionan las obras de corte filosófico y espiritual, de esas que tratan de hallarle desesperadamente un por qué a la existencia, como las de mi muy admirado Hermann Hesse.
Pero vaya, con todo, si de verdad pudiera elegir qué tipo de obras me gustaría escribir, si bastara desearlo para empezar a escribirlas, en tal caso no dudaría ni un instante: escribiría obras como las de Teneessee Williams. Obras que como El zoo de cristal, Un tranvía llamado deseo, La gata sobre el tejado de zinc caliente o La noche de la iguana poseen un dramatismo, una sensibilidad, una sensualidad, una voluptuosidad, un aliento poético como sólo le recuerdo al mejor Faulkner o al mismísimo Shakespeare. Obras que desnudan admirablemente el corazón humano, que aciertan a mostrar en toda su crudeza, en toda su dolorosa fragilidad, pero también en toda su grandiosa majestuosidad lo que significa participar de eso que llamamos tan pomposamente, sin saber muy bien a qué demonios nos estamos refieriendo, como la condición humana. Esta es para mí la tarea más noble, la cima más alta y también la más inaccesible de a cuantas la literatura puede aspirar. Y es allí, nada menos que allí, al lado de los más grandes, donde el señor Williams fue a acampar en más de una ocasión. Qué envidia.
¿Y el resto qué...?
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Literatura
sábado, 22 de noviembre de 2008
E.M. Cioran: el secreto de la vida
"Todo el secreto de la vida se reduce a esto: no tiene sentido; pero todos y cada uno de nosotros le encontramos uno"
(De "El ocaso del pensamiento")
Una verdad tal vez no demasiado reveladora pero sí muy verdadera, que al fin y al cabo es lo que debe perdírsele a las verdades.
¿Y el resto qué...?
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