sábado, 27 de septiembre de 2008

La broma asesina, de Alan Moore y Brian Bolland

Supongo que si tuviera algo de vergüenza debería sonrojarme por venir a estas alturas con la reseña de La broma asesina, como si le fuera a descubrir el Mediterráneo a alguien. Pero… afortunadamente no la tengo. Y es que por más que Moore la considere una obra fallida, al parecer debido a que su Joker no guarda excesiva coherencia con el verdadero espíritu del personaje, lo cierto es que estamos a mi entender ante uno de los cómic más redondos del genio inglés: La broma asesina recupera, aunque en dosis pequeñita, toda la brillantez formal y la agilidad narrativa de Watchmen, uso de retículas y secuencialidad cinematográfica incluidas. Repite, además, la misma paleta de colores de John Higgins, con lo que ofrece un aspecto gráfico muy cercano al de aquella, pero, y esto es lo que le confiere un atractivo visual muy superior, los dibujos corresponden al sobresaliente Brian Bolland. Pero sobre todo Moore acierta a profundizar como pocas veces en el dolor que puede llevar a cualquier persona a alcanzar el nivel de locura del Joker. Como es típico en el barbudo, todo lo que toca se humaniza y tridimensionaliza, se llena de carne, de sangre, de vísceras y de sentimientos. Y curiosamente eso es precisamente lo que le echan en cara sus detractores y lo que el mismo Moore parece admitir: la fuerza del Joker y de Batman no reside tanto en su humanidad como en el hecho de representar universos simbólicos, en ser encarnaciones de arquetipos mentales que van más allá de su propia individualidad. Pero que queréis que os diga, a mi todo eso me da bastante igual; lo que a mi me atrae son las buenas historias sobre personas “vulgares” (del pueblo, del pueblo), y La broma asesina lo es sin lugar a dudas: habla de personas que son llevadas hasta los límites últimos de su resistencia física, psíquica y moral, y de cómo incluso allí, en el mismísimo infierno, aun conservan su facultad para elegir. Y encima lo hace con una enorme capacidad de emocionar. ¿Qué más se le puede pedir? Más páginas, tal vez, para que el goce no acabe tan pronto.

Puntuación: 10

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