miércoles, 10 de septiembre de 2008

Harvey Dent, el caballero blanco

Parece que nos hemos puesto todos de acuerdo para nombrar unánimemente a la segunda entrega de Nolan como el mejor film sobre Batman jamás filmado. Bien, nada que objetar, salvo por una pequeña precisión. Esta no es una peli sobre el hombre murcielago. Aceptado esto, parece también que en consecuencia todos coincidimos en que en esta ocasión el personaje del mejor detective del mundo se ve eclipsado por la soberbia actuación de los secundarios, en concreto y fundamentalmente por ese Joker sobrenatural que compone Ledger como si se le estuviera yendo la vida en ello. Vale, pero con otra salvedad. Efectivamente el caballero oscuro queda en un segundo plano, pero no tras la sombra del Joker, sino tras la de Harvey “Dos Caras” Dent, tras la figura de ese heroico fiscal del distrito que aterriza en Gotham dipuesto a demostrar que el superheroe de las orejas puntiagudas está de más, que es completamente prescindible. Esta es la gran revelación de Dark Knigth: un héroe humano, que da la cara (aunque sea para que se la partan o se la quemen), que lucha desde la legalidad, desde el sistema, sin más poderes que los que le otorga su condición de funcionario público. Dent es la autentica némesis del terror del hampa; el buen ciudadano, el hombre de la calle que se opone con arrojo a deformidades tales como el Joker… o como el mismísimo azote de los criminales. Es algo en lo que insiste con acierto el film de Nolan; el vengador de la noche y el Joker no son sino fragmentos de una unidad que se complementan y en la que no es precisamente el Joker la más culpable ni la más detestable. Pero Dent es diferente. He ahí el meollo de la cinta y lo que la carga de una intensidad dramática y humana que la sitúa muy por encima del producto superheroico medio: la lucha de Dent es la lucha del mundo cotidiano, del mundo tal y como lo conocemos por no perecer bajo la oscura capa de un ser tan monstruoso como la rata con alas. Porque no podemos olvidar que lo que hace de Gotham el lugar inhóspito que es, plagado de villanos pesadillezcos, no es otra cosa que la existencia del mentor de Robin. Cuando la contrapartida oscura de Superman aparece, en Gotham no existían más que malhechores de tres al cuarto de los que mal que bien se ocupaba el cuerpo de policía. Pero después del murcielago hipertrofiado… En fin, todos sabemos lo que vino después del señor de la noche. Por ello Dent se erige como una última oportunidad de salvación. Y cuando Dent sucumbe, sucumbe con él cualquier posibilidad de que la ciudad gótica pueda convertirse algún día en una ciudad normal, si es que eso significa algo.

Y aunque aquí debería aun decir un montón de cosas profundísimas para que la reseña no se me quede cojita (es que Batman es tan exigente desde un punto de vista intelectual que ni Gustavo Bueno se atreve con él), lo cierto es que tengo hambre y me apetece enormemente pasar de todo, mandarlo a la merda (que diría Fernán Gómez si hubiera sido galego) y hacerme una ensalada de naranjas. Vamos, que estoy cansado de tanta reseña inútil que a nadie va a aportar nada.

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