martes, 9 de diciembre de 2008

Jiddu Krishnamurti

Aunque siempre digo que leer a Krishnamurti me deja la sensación, un poco desasosegante, un poco irritante, de hallarme ante un excelente orador que en el fondo más insobornable de sus palabras no dice absolutamente nada, la verdad es que siento gran interés y gran respeto por sus enseñanzas. O por su enseñanza; la única que soy capaz de descubrir en todos sus libros, a saber: la necesidad de liberar la mente de todo prejuicio y ver el mundo tal cual es, sin los falsos ropajes de adoctrinamientos y dogmas. Pero sobre todo lo que más aprecio en él es su defensa de un discurso de valores radical y diamentralmente opuesto al discurso de valores mercantilista, economicista y consumista tan en boga en nuestros tiempos. Por ello no puedo dejar de admitir que me ilusiona tremendamente poder verle y escucharle en una de sus míticas charlas compartidas, aunque sea apenas durante unos pocos minutillos. Os dejo ya, sin más dilación con la voz y la imagen del hombre que nos mostró que la verdad es una tierra sin caminos.

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