domingo, 19 de abril de 2009

Minireseña no comiquera: El lagarto hipotético, de Alan Moore

Alan Moore parece empeñado en rasgas con sus ficciones, ya sean en forma de tebeos, ya sean, como en este caso, en forma de relatos literiarios, el velo de Maya y hacernos descubrir qué es lo que se oculta tras el manto de apariencias del mundo sensible; cuál es la verdadera esencia de lo real. O al menos en no dejarnos olvidar que el misterio está ahí, a nuestro alrededor y que nos observa burlón mientras se sonríe ante nuestra torpeza para penetrarlo. Porque al fin, parece decirnos Moore, la solución del misterio es su propia enunciación, porque es precisamente en su planteamiento donde toma sustancia y se convierte en real. O dicho de otra forma, la esencia de la realidad es el misterio mismo. Esta concepción metafísica de la realidad, que podrá horrorizar y seguramente horrorizará a cualquier materialista, como se mua, se revela sin embargo desde un punto de vista estrictamente literario como muy sugerente y ofrece un amplio abanico de posibilidades, como las que explora Moore en este breve relato que Planeta nos vende al precio de novela normal tirando a larga.


En el mundo fantástico de La Casa Sin Relojes, un burdel de seres extraordinarios donde lo increíble se torna corriente a base de cotidianidad, conoceremos y nos adentraremos en las vicisitudes de la tormentosa relación entablada por el travesti Rawra Chin y su amante el gigoló Foral Yatt, que tendrá como testigo de excepción a la silenciada Som-Som. Una historia de amor traicionado y sutil venganza que fascina especialmente por lo seductor de su atmósfera, de clara reminiscencia oriental, y por todo cuanto de fondo parece medio intuirse, medio adivinarse tras los acontecimientos narrados. Y es que no estamos ante una historia sencilla que ofrezca al lector sus misterios desde la primera lectura; más bien todo lo contrario, la escritura de Moore, colorista y barroca, reclama en este caso una atención más alerta de lo habitual, cuando no directamente una segunda lectura. Sin embargo el esfuerzo -tampoco excesivo a la vista de la brevedad del relato- se ve recompensado sobradamente con la magia y la hondura de su propuesta. Un cuento muy recomendable que supera con creces el sabor agridulce que en su momento me dejó la lectura de La voz del fuego

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