viernes, 22 de mayo de 2009

Relatos del Navio Negro


Cada vez que se quiere derribar el mito de la perfección formal de Watchmen se saca a relucir, invariablemente, la historia del Navío Negro, un inserto que, nos aseguran, no aporta absolutamente nada al relato principal y que en consecuencia adquire la condicion de estorbo. Interpretación que pasa por alto, como ya se ha apuntado infinidad de veces, los paralelismos que existen entre las desventuras de su protagonista y las de Adrian Veidt , hecho que ofrece un nuevo elemento de juicio con el que valorar los sucesos de la trama principal de Watchmen. Interpretación que además olvida por completo a quién corresponde dentro de la ficción la autoría del relato y qué papel juega el mismo en el desenlace de la serie; interpretación que no valora, por último, la inmensa calidad que atesora en sí mismo el relato y lo que supone su pertenencia al género de piratas y no al de superhéroes. Y una interpretación que, por si fuera poco, ahora ha podido comprobar que si la historia del Navío Negro funciona perfectamente en el tebeo es debido precisamente a la pericia con la que Moore supo insertarla y hacerla interactuar con el resto de elementos de la narración. Y es que visto lo visto, es decir vista la versión animada, queda claro que separada y aislada del resto de la narración la historia ya no es la misma. Por más que se mantenga la fidelidad con el relato original, por más que se pueda beneficiar de las posibilidades del movimiento y de la voz espartana de Gerard Butler, lo cierto es que en el proceso de desenraizarla del argumento de Watchmen se ha dejado en el camino gran parte de su fuerza y su significado, dando como resultado un producto descafeinado de difícil interpretación e incluso, en algunos pasajes, un poco absurdo. Un ejemplo para que veáis a qué me estoy refiriendo: mientras en el cómic entendemos desde el principio el porqué de su tono macabro (ah, la EC, la EC) y podemos conjeturar, aunque a posteriori, un significado para esa balsa que navega a lomos de cadáveres, en el corto uno no puede más que preguntarse a cuento de qué tanta repugnancia y por qué diablos tiene que usar los materiales que usa para fabricar su embarcación.


En fin, lo dicho, una película que consigue aun sin pretenderlo reafirmar todavía más la perfección formal de Watchmen.



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