martes, 18 de julio de 2006

Un poco de boxeo II: El rugido en la jungla

Ya iba siendo hora de retomar lo apuntado en la anterior entrada dedicada al boxeo y completar la historia del más grande, Muhammad Ali, al que había dejado preparando su enfrentamiento con el por entonces invencible George Foreman. Me pongo con ello.


A pesar de la expectación levantada por el combate los especialistas de la época hablaban de una lucha desigual cuyo principal atractivo residía, más que en la incertidumbre del resultado –nadie pensaba realmente que Foreman pudiera perder-, en la posibilidad de presenciar el ocaso definitivo de la carrera de Ali. Eran muchos, por no decir todos, los que pensaban que este recibiría tal paliza que después del combate ya no volvería a pelear jamás. Sin embargo, ajeno a los pronósticos y fiel a sí mismo, Alí se había dedicado a animar las semanas previas al combate con sus acostumbradas bravatas, llamando momia a su rival y asegurando que se movería con tal rapidez que Foreman sería incapaz de tocarle en ningún momento. Unas bravatas en las que no creían ni los propios miembros de su equipo, convencidos por igual de que efectivamente asistirían al final de la leyenda.


El combate no pudo tener unos prolegómenos más accidentado: previsto para el 25 de septiembre, se tuvo que retrasar unas seis semanas debido al corte que se produjo el campeón en una de sus cejas como resultado de un accidente fortuíto mientras entrenaba con uno de sus sparring, de forma que Ali y Foreman no se verían las caras hasta el 30 de octubre de 1974. La organización del evento corrió por cuenta del tan impresentable como imprescindible Don King y fue bendecida por el dictador congoleño Mobutu. Como él mismo se había encargado de anunciar una y otra vez, Alí salió en el primer asalto dispuesto a bailar, pero no conforme con ello -y esto sí que no lo sabía nadie- le planteó a Foreman una arriesgadísima guardia de derecha (no me las voy a dar de entendido: lo cuenta Norman Mailer en Cuado éramos reyes) con la clara intención de sorprender al campeón y encontrar un K.O. rápido. Y a punto estuvo de salirle bien la jugada, llegando a impactar repetidas veces en el rostro de Foreman a lo largo del primer asalto. No obstante, y para desgracia de Ali, esta estratagema no fue suficiente para tumbarlo, de modo que ahora no le quedaba más remedio que encontrar un nuevo planteamiento con el que afrontar la pegada mortal de necesidad de Foreman. En este sentido lo lógico - y lo que se esperaba- es que se hubiera mantenido fuera de alcance bailando al campeón, como ya hiciera en su momento con Liston. Pero Alí siempre fue el más astuto y para asombro de todos ideó sobre el ring y a la carrera otra inverosímil estrategia: suponiendo, posiblemente con acierto, que no podría escapar constantente del acoso de su rival, Ali optó por ahorrar fuerzas y, para disgusto de su propia esquina, que lo consideraba un suicidio, se fue directamente sobre las cuerdas dispuesto a aguantar como fuera las terribles acometidas del campeón. Una estrategia verdaderamente temeraria que encomendaba gran parte de sus posibilidades de éxito a la capacidad de encajar y a la propia suerte, pues por más aguante que tuviera Ali, si en algún momento Foreman alcanzaba a impactarle una buena mano en el rostro este se vería irremediablemente condenado a besar la lona. Por contra, de esta manera, es decir reduciendo al mínimo la distancia, Alí logró que los golpes de su rival perdieran en limpieza y efectividad, trabando la pelea y rompiéndole siempre el ritmo y la continuidad. Foreman golpeaba una y otra vez al aspirante en el estomago y en los riñones, pero sin llegar a alcanzarle jamás con claridad en el rostro. Por supuesto las cartulinas eran favorables para Foreman, pero esto no parecía ser suficiente para el hombre que en los dos últimos años había noqueado a todos sus rivales. Alí por su parte se mantenía relativamente cómodo contra las cuerdas, esquivando como buenamente podía y contragolpeando con rápidas manos que evidenciaban su mayor velocidad.

Así, de esta guisa, con Alí tumbado sobre las cuerdas y Foreman volcado sobre Ali transcurrió la pelea hasta el final del quinto asalto, momento en el que el campeón, cansado por el vendabal de golpes que había lanzado y cada vez más nervioso ante las constantes provocaciones de Ali y su incapacidad para poner a dormir al aspirante, empezó a descuidar imprudentemente su guardia, cosa que el boxeador posiblemente más inteligente de la historia no iba a dejar pasar: aprovechando la imprudencia, conectó una serie de manos que dejaron al texano seriamente tocado. Por primera vez en el combate el aspirante tenía alguna opción real de acabar ganando la pelea. Y es que Foreman se resintió mucho de este final de asalto, tanto que a partir del siguiente -del sexto- su acoso pasó a ser puramente testimonial, dando cachetazos sin apenas fuerzas, empujado más por la inercia que por un verdadero dominio de la pelea. Una inercia y una insistencia que terminaron por constituir el más grave error que el campeón pudiera cometer, exponiendose, cuando su cómoda victoria a los puntos no se lo exigía, a una nueva contra de Alí. Un error de bulto que a la postre le costaría, efectivamente, el título mundial en el octavo asalto, cuando nuevamente Alí aprovechó la obsesión de Foreman y su falta de precaución para sorprenderlo con su velocidad de manos y colocarle la serie de golpes que resultaría definitiva. Alí puso a repiar a Foreman, cual chaval con su peonza, y el campeón cayó estrepitosamente. Y aunque Foreman consiguió levantarse, no lo hizo a tiempo para evitar que la cuenta llegará a diez. Sin duda el mundo acababa de presenciar una de las más monumentales sorpresas de la historia del boxeo, acaso sólo comparable a la victoria de Max Schmeling sobre Joe Louis muchos años antes o a la de James Buster Douglas sobre Mike Tyson muchos años después. El milagro se había obrado, la leyenda renacía con más esplendor si cabe. Al fin, despúes de más de seis años desde que fue inhabilitado y desposeído de su título, y una década después de que se proclamara por primera vez campeón de los pesos pesados, Ali conseguía llegar de nuevo a lo más alto.

Bueno, pues ya he cumplido con la deuda. Tal vez algún día me de por contar también las defensas posteriores de Ali. Pero eso será ya en un futuro muy remoto.

1 comentario:

  1. Creo que te faltó poner las provocaciones de Alí a Foreman y la busqueda que este hacía del cansancio del campeón. Por lo damas soberbio el comentario.

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