martes, 8 de agosto de 2006

Odiseo y Penélope

Es difícil explicar, a quienes no conozcan en persona la majestuosidad del Teatro Romano de Mérida, lo que significa el privilegio de vivir una noche de teatro entre sus mágicas piedras; explicar cuán impresionante es para el público –no quiero pensar en lo que debe suponer para los actores- el poder deleitarse de un arte como el de la interpretación en uno de sus escenarios más carismáticos y universales. Es una experiencia, retóricas facilonas aparte, que verdaderamente se graba en el alma de cualquiera. Pero si sobre el escenario añadimos el texto y la interpretación de uno de los más grandes escritores del último medio siglo -como lo es sin duda Mario Vargas Llosa- , adaptando además una de las obras fundacionales de la literatura y el sentir occidental, más una extraordinaria actriz como Aitana Sánchez Gijón, la velada roza, simple y llanamente, la perfección, acaso solo mejorable con el disfrute de una buena compañía y la sugerente iluminación de los jardines del teatro con el fuego de las antorchas, cosa que me consta que se ha hecho en otras ocasiones.

Con una puesta en escena minimalista, en la que constituyen toda ambientación apenas una larga pasarela, que recuerda los muelles de un puerto marítimo, un pequeño espacio iluminado, que quiere ser el manto que la propia Penélope tejió y destejió a lo largo de su paciente espera, una serie de atriles, que hacen las veces de refugio natural para el narrador y una especie de mercadillo de telas, del que es muy difícil explicar y explicarse su presencia, fue Vargas Llosa, de blanco impoluto y con un ejemplar de la Odisea bajo el brazo, el primero en hacer acto de presencia sobre las tablas. De modo que pronto se desvelaría la duda inevitable sobre las dotes interpretativas de Don Mario. Porque si bien es cierto que ésta no era la primera vez que se subía a un escenario, pues ya antes había realizado la adaptación de La verdad de las mentiras, tampoco lo es menos que la anterior experiencia apenas paso de ser otra cosa que una lectura dramatizada del texto. Era pues la primera vez que el escritor se veía obligado a interpretar, a memorizar el texto, a moverse por el escenario, a gesticular... en fin, a ser un actor de pleno derecho. Y Mario dejó enseguida bien a las clara que, aún cuando no se le pueda considerar un excelente actor –le falta experiencia para ello- al menos si que lo es solvente y cumplidor. Mario interpreta convincentemente y aunque le falta soltura cuando se desplaza por el escenario y algún registro más en su declamar, lo cierto es que en ningún momento desvirtúa ni entorpece el desarrollo de la obra.
Por supuesto, muy diferente cantar fue la actuación de Aitana, soberbia como no podía ser de otra manera en una actriz tan contrastada. Pero esto ya lo esperábamos. Al menos yo sí.

Pero sin duda lo mejor con diferencia de la obra fue el extraordinario texto del peruano. Fiel y de hermosísimo aliento poético, la adaptación homérica de Vargas Llosa apela a la fuente de donde nace el mito, a la visión y a la ensoñación que del mundo tiene nuestra cultura. Vargas Llosa nos lleva de viaje, con su Odiseo, por las aguas de las que surge lo humano tal cual nosotros lo entendemos. Porque con cada trabajo de Ulises, con cada revés en el intento por retornar a su Ítaca natal, con cada nueva experiencia, ya sea mágica o terrible, se va desvelando, -se va creando- un modelo de sentir que sin duda da forma y explica lo que somos cada uno de nosotros. Unas vivencias de cuya verdad el propio Odiseo se confesará en duda, y que sin embargo, hayan o no sucedido, constituyen una realidad innegable, porque al fin, como manifiesta la propia obra, tan parte de la vida de los hombres es, al igual que lo que les acontece, lo que estos son capaces de soñar.

5 comentarios:

  1. soberbia, no sobervia...

    es que en un texto tan claro, bien escrito y sobre cultura, canta un poco...

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  2. Gracias por la enmienda arturo. No creo que este tan bien escrito, pero si es cierto que tengo un problema bastente preocupante con las faltas de ortografía. Cuando estaba en la universidad los profesores me decían que tenía que leer más para solucionarlo. Lo cierto es que yo ya leía entonces todo cuanto podía. En verdad es un problema de atención.

    Lo corrijo de inmediato

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  3. De nada... no es tu caso, un desliz, pero es que a veces da pánico leer algunos blogs, y, sobre todo, los comentarios. Si te puede ayudar, si usas firefox, me parece que hay extensiones que incluyen correción ortográfica para los formularios que se rellenan en una página web.

    Aparte de esto, ¡qué envidia me has dado!!!!

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  4. Ya te dije que una obra de teatro tan enorme como la Odisea, representada tan solo por dos actores, me parecía un poco insulsa, pero despues de leer tu impresionante elogio sobre la obra, me quedo con ganas de verla. Sigue escribiendo maestro.

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  5. Muchas gracias por los animos. Mira que te os avise para que no os la perdierais, pero nada, vosotros preferisteis Estopa. Así que ahora, a lamentarse o a leer reseñas. Como la mía.

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