miércoles, 2 de agosto de 2006

Presento mi candidatura a la excomunión II: Gobernar en el Infierno

Qué cortas, qué vagas son las entendederas de vuestra especie, cuán difícil es imaginar un hecho más evidente, una evidencia más obvia, una obviedad más transparente: con qué otra intención pude haberme hecho yo presente en vuestro mundo si no con la de propagar el mal. Pero antes de nada, acomódate como si estuvieras en tu casa y acepta el amparo del fuego perpetuo, porque lo quieras o no, este será tu hogar por el resto de la eternidad.Comprueba cómo os ha cegado la petulante creencia que os nombra centro de la creación; cómo os ha ofuscado la soberbia incapacidad de admitiros más origen que el divino. Pero no des por hecho que toda la culpa me pertenece; yo no he tenido que esforzarme en mantener el engaño: ni tan siquiera admití lo que vosotros mismo me exigisteis que admitiera. Fíjate que ni cuando el Dante – más poema que su Comedia fue la elocuencia de su rostro- osó aventurarse por mis dominios, ni siquiera entonces moví un ápice de mi voluntad para impedir que revelara la verdad que aquí había conocido. La misma inabarcable incredulidad que ahora te domina ha dominado antes por igual a todos los humanos que pueblan el Averno. Pero dime, desvalida criatura, ¿por qué?, ¿acaso mejoró en algo vuestro mundo después de que yo partiera de él?, ¿es que traje algo distinto de la espada que prometí? Dime pues, por qué os resulta tan difícil admitir que yo, Jesucristo, pueda gobernar en el Infierno.



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