domingo, 26 de febrero de 2006

Midori, la niña de las camelias



Ya tocaba regresar al comic, y más teniendo en cuenta que este blog se prentende dedicado a él. Pero para ello, y por dármelas de culto y original, empezaré hablando de flores.

La camelia es una flor de origen asiático que por su delicada belleza se denominada también como Rosa del Japón, y que es utilizada habitualmente en occidente como símbolo de la pureza. Bien, partiendo de esta genealogía, por lo demás más imaginaria que real, quiero pensar que aquí se encuentra la clave para entender el sentido último de Midori, la niña de las camelias, del enfant terrible del manga, Suheiro Maruo.

Midori es una niña que, tras el abandono de su padre y la muerte de su madre, es recogida por un circo de atracciones muy del estilo de La parada de los monstruos de Todd Browning. En ese ambiente, de total pervesión, donde los miembros de la barraca de deformidades se muestran aun más contrahechos en lo moral que en lo físico, la niña representa, como la camelia,  la flor pura que crece en medio de la cienaga y que a pesar de contar con todo en contra se resiste a revolcarse en las bajezas y crueldades a las que no tiene más remedio que asistir. Bajezas que incluyen la reiterada violación de la propia niña. Cabría preguntarse si acaso la diferencia entre Midori y sus compañeros se deba más al hecho de que ésta no sufra ninguna tara física que a su mayor entereza moral, pues a uno le queda la sensación de que a estos últimos no les ha quedado más remedio que renunciar a cualquier asomo de humanidad para poder sobrevivir en un mundo que difícilmente aceptará sus deformidades físicas. Recuerdese, por ejemplo, que en uno de sus habituales sueños, Midori recibe el consejo de no ser estupida, pues siendo humana jamás alcanzará la felicidad.

La angustiosa necesidad de la niña por huir de este mundo de pesadilla , reflejada en su atracción por los trenes, obtendrá respuesta en la aparición de Masamitsu, un enano ilusionista que se gana pronto la admiración del publico y la envidia de los demás componetes del circo. Masamitsu pondrá un punto de ternura y cariño en la vida de Midori, surgiendo pronto el amor entre ambos. Y es que Masamitsu supone para Midori la última oportunidad de vivir en un mundo regido por el bien, como prueba la completa desaprobación que ésta hace de la crueldad exhibida por Masumitsu cuando la emprende con todo el mundo en un ataque de celos.

Sin embargo, el destino se mostrará cruel con la niña y en otro acto de violencia gratuíta segará la vida de Masumitsu, dejando a Midori sola y perdida en un mundo de ruinas.

Mención especial merece la belleza y el temple con el que narra Maruo, creando imágenes de una finura que sólo es comparable a su capacidad de perturbar.

Un gran manga no apto para sensibilidades delicadas.

Puntuación: 9





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