lunes, 27 de febrero de 2006

Mi libro de cabecera

Si existe una novela que pueda considerar mi libro de cabecera y a la que me gusta volver de cuando en cuando como se vuelve al hogar verdadero, esta es sin duda El lobo estepario de Hermann Hesse. Debo haberla releído como unas siete veces desde que la leyera por primera vez en mi adolescencia tardía. Y es que cada vez que ando con el ánimo bajo o siento que el mundo es un lugar inhóspito, frío y ajeno, corro a refugiarme al amor de sus páginas. Teniendo en cuenta esto y considerando la frecuencia con la ocurre, os podéis hacer una idea aproximada de mi fragilidad emocional.

En fin, dejémonos de sentimentalismos facilones y pongámonos con la tarea. Pero no quiero entrar a analizar lo que significa la novela o lo que supuso su publicación. Me conformo simplemente con tratar de determinar la fiabilidad y verosimilitud que podemos adjudicarle a cada uno de los narradores que intervienen en la novela, hecho fundamental a la hora de tratar de reconstruir después lo sucedido.

Así podemos contar hasta tres voces que se van sucediendo con inmediatez en el inicio de la novela. La primera de ellas es la de un narrador en primera persona no omnisciente, el joven burgués, sobrino de la casera del protagonista, Harry Haller, el lobo estepario. Seguidamente tenemos una segunda voz, también en primera persona, esta la del propio Harry. Y por último, una misteriosa voz en tercera persona, aunque omnisciente; la del Tratact del lobo estepario. Pues bien, en mi opinión es la primera de las voces, la del joven burgués, la más fiable y segura, aunque tal vez por ello mismo, la menos interesante de las tres. Su narración es desapasionada, neutral y se ciñe con mayor fidelidad a los acontecimientos. Sin embargo poca información nos ofrece sobre las correrías de Harry, aunque sí que nos aporta una clave fundamental a la hora de interpretar las otras voces y que no se nos puede pasar por alto:

"No me ha sido posible comprobar, en cuanto a su contenido de realidad, los sucesos que refiere el manuscrito de Haller. No dudo que en su mayor parte son ficciones; pero no en el sentido de invenciones arbitrarias, sino a modo de un ensayo de expresión para representar procesos anímicos hondamente vividos con el ropaje de sucesos visibles. Los incidentes, en gran parte fantásticos, en el trabajo de Haller proceden probablemente de la última época de su permanencia entre nosotros, y yo no dudo de que les sirve de base un trozo de vida real externa. En aquel tiempo mostraba, en efecto, nuestro huésped una conducta y un aspecto cambiados; estaba muchas horas fuera de casa, hasta noches enteras, y sus libros permanecían sin que les hiciera caso".

Es decir, los más probable es que efectivamente Harry conociera a Armanda, a María y a Pablo y que durante un tiempo sus costumbres y hábitos de vida cambiaran. Como es muy posible que el resto de lo que se nos cuenta- y esto es muy importante- sea una externalización de sus emociones.

Hecha la puntualización, creo que estamos en condiciones de afrontar y enfrentarnos a la segunda de las voces, la del propio Harry. Esta es para mi la menos fiable y verosímil de las tres y por tanto, la más sugerente e interesante y oscila, aunque siempre dentro del comprensible subjetivismo, desde un mayor realismo al inicio -en el que nos narra su llegada a la ciudad, su estado de animo en aquella época y algunos datos autobiográficos- , hasta la muy alucinada parte final, en la que Harry pierde por completo cualquier interés por la narración de los hechos que le acontecen, centrando su atención en el convulso proceso que estos hechos provocan en su interior y que le acercan a un cambio vital que ansía y necesita.

Así podemos considerar con seguridad como ciertos todos los datos biográficos que se nos ofrece en la primera parte de la novela. Es más, yo me atrevería a decir que también lo son todos los sucesos acontecidos hasta la llegada de Harry al "Aguila negra", excepción hecha de la entrega del Tratact.

A partir de aquí es ya muy difícil discernir entre lo real y lo emocional, entrelazados de manera cada vez más indisoluble según avanza la novela, aunque si que deja intuir un claro predominio de lo segundo sobre lo primero. Yo apostaría a que su relación con Armanda es cierta; esta le introdujo en un nuevo ambiente y una nueva forma de ver y valorar la vida. Sin embargo no pondría la mano en el fuego por la verdad de las conversaciones que mantienen. Para mi, son una intelectualización del propio Harry tratando de buscar sentido a lo que esta descubriendo de la mano de Armanda.

Esta tendencia se agudiza en el final con la escena del teatro mágico, seguramente la más intensamente vivida por Harry y en la que trata de enfrentarse a todos los aspecto de su personalidad en busca de una integración que le permita llevar, a partir de entonces, una vida más plena. El significativo asesinato de Armanda viene a señalar, a mi entender, el fracaso de este intento, aunque las bases seguramente ya están puestas para que en el futuro acabe aprendiendo a reír, como le pide Mozart y, en definitiva, para que aprenda a vivir.

Aun nos queda una voz por considerar; la del Tratact del lobo estepario, ese narrador en tercera persona omnisciente que disecciona fríamente el alma del lobo estepario. Dentro de la novela cabe interpretar esta voz como el intento de Harry de analizar su problema viéndolo desde fuera de si mismo y con la máxima objetividad, es decir, tal como lo haría un ser situado en un plano superior.Y esto nos lleva al punto clave en todo este juego de voces, pues el ser omnisciente al que quiere apuntar el Tratact, ese ser situado en las alturas es, en mi opinión, el mismísimo Hermann Hesse. Creo que en última instancia debería leerse todo el libro, no como las reflexiones del lobo estepario Harry Haller, sino como las de ese otro lobo estepario que fue Hermann Hesse. Porque fue él quien sufrio los males de esta neurosis que consiste en estar en el mundo y no pertenecer a ningún lugar. Fue, por tanto, Hesse quien necesito de la invención de toda una fantasmagoría que le permitiera hallar un camino entre las brumas; quien necesito inventar -e inventó- este teatro mágico.

Bueno, pues hasta aquí llegan mis ganas de analizar este libro. Otro día igual me meto en el berenjenal de aclarar lo que nos quiso decir Hesse.


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