jueves, 24 de agosto de 2006

El Mediador de Joe Sacco

¡¡¡Al fin una reseña comiquera!!! Joder, acabo de comprobar que no escribo sobre el mundo del cómic nada menos que desde el 6 de junio, cuando reseñé Ciudad de cristal. Bueno, trataremos de enmendar un poco la cosa. Para ello os contaré mis impresiones sobre El Mediador de Joe Sacco.


Hace tiempo, por la época en la que descubrí El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad y su versión cinematográfica -Apocalypse now de Francis Ford Coppola-, mantenía yo aún la creencia que detrás de tanta muestra gratuita de crueldad se encontraba esa ferocidad innata de la bestia humana que, por mucho que se trate de domesticar y embridar con el invento de la civilización, no puede evitar volver a sus fueros naturales de salvajismo. Sin embargo, pasado los años, las experiencias y las lecturas, me domina la sensación contraria de que precisamente estas mismas muestras de locura son hijas –además legítimas y reconocidas- de la propia civilización. Ya no estoy nada convencido de que el estallido de la violencia o la explotación inhumana surjan de la condición animal e irracional del hombre, sino que por el contrario se tratan de elecciones muy conscientes y calculadas por parte de sus órganos pensantes.

Una impresión que se me reafirma tras la lectura de El Mediador, un tebeo que, en tono periodístico, nos relata la historia de uno de esos personajes singulares –Neven, el mediador- que, como buitres alrededor de un cadáver putrefacto, sobrevuelan las catastrofes de esta indole en busca de su propio provecho. Mediante el dudoso testimonio de este mediador –una especie de chico listo que se encarga de conseguir lo que los periodistas extranjeros le reclaman- Sacco hace una detallada cronología de lo que fue el sitio de Sarajevo, trazando un itinerario de los horrores que allí se cometieron que va desde los tiempos en que esta era una apacible ciudad multicultural ajena por completo a la locura –calculada, lo mantengo- de sus dirigentes, hasta que acaba convertida en territorio de caza de los señores de la guerra, esos lideres guerrilleros que se autoproclamaron sus defensores y que a la postre terminaron por vampirizarla sin piedad.

En el proceso Sacco pone de manifiesto cómo en tiempos de guerra el ascenso de estos elementos, indeseables en tiempo de paz, es permitido y alentado por las propias autoridades competentes, sabedoras de que suprimida toda forma de moralidad, estos personajillos les son ahora de gran utilidad. De esta manera vemos como los lideres de las guerrillas campean a sus anchas cometiendo todo tipo de barbaridades imaginables para ser frenados sólo y en el único caso de que, endiosados, acaben siendo una molestia para las autoridades. Por ello, consciente de su papel de marionetas, Sacco evita juzgarlos, insistiendo en la necesidad de ponerse en su pellejo para poder comprenderlos mínimamente. Porque al fin estos no son otra cosa que victimas de la cruel maquinaria del poder, engranajes que realizan el trabajo sucio y son eliminados una vez realizado.

Como dije anteriormente, la historia se nos narra en forma periodística, mediante las sucesivas conversaciones del autor con el mediador, de tal manera que consigue trasmitirnos la verosimilitud del reportaje de investigación. Sin embargo creo que es importante no obviar, a la hora de interpretarla, su carácter esencialmente ficticio, pues ante que nada nos hallamos frente a una obra de creación y es por tanto peligroso querer entenderla como si realmente de un reportaje periodístico se tratara. Así el propio Sacco nos pone en aviso de la dudosa credibilidad de las declaraciones de su mediador y con ello nos llama la atención sobre la inevitable subjetividad de toda historia, necesariamente fecundada por la imaginación y los anhelos de quien nos la cuenta. Es decir, del propio Sacco en nuestro caso.

En fin, otro tebeo imprescindible para la colección. Y a ver si de ahora en adelante consigo espaciar menos mis lecturas gráficas.

Puntuación: 9


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