miércoles, 10 de octubre de 2007

Algo está cambiando

Algo está calando. Muchos hablan y mucho se habla, entusiastas e ilusos siempre, de la progresiva normalización y asimilación del cómic en la cultura oficial. Se aportan, incluso, pruebas que lo demuestran feacientemente y a las claras; páginas culturales de periódicos, entrevistas telepasivas, la mirada académica y grave de la Universidad posándose sobre el medio. Y con eso y con todo y con lo demás, incluso con todo eso y con todo lo demás y con todo todo, para alguien de provincias muy provincias no pasa de ser más que comidilla de blogs interneteros, porque la realidad aquí es que la normalización avienta exigua. Los clásicos, y aun las novedades, sólo se ponen a tiro de ojo a través de las comiquerías digitales y cualquier otra forma de relación con el tebeo que trate de asemejarse y amancebarse con la del libro tradicional es simple quimera, cisne negro que, dicen, haberlo hailo, pero que por aquí no lo ha visto ni el que asó la manteca.

Ah, pero en estas va y resulta que un librero –sólo uno, que no es cuestión de andar abusando- se tira torero al albero tebeil y comienza a traernos algo distinto a los superhéroes de capa y quiosco –aunque poco, que si no es cuestión de andar abusando, menos habrá de serlo de correr exagerando. O, asómbrate Roque, la biblioteca municipal, que ni por lo criminal adquiría fondos de tal pelaje, ya siquiera fuera para la sección infantil, ahora nos regala por lo civil todo un surtido, breve y pipiolo aun, del mejor cómic de adultos para adultos: XIII, The Spirit, Blacksad, o incluso la versión dibujada del informe del 11-S. Y Roque se asombra. Y yo estoy tan eufórico que no puedo más que escribir tonterías y llenar este post de retórica juguetona y mala.

Pues nada, que siga la fiesta, que no todo se lo lleva el viento.

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