lunes, 31 de mayo de 2010

Amor institucionalizado o las reglas del juego

"Tengo derecho a que me mantengas porque me he casado contigo, y porque dejo que te pongas encima de mí y hagas tus cosas asquerosas"

Extraído de El sueño americano (1961), de Edward Franklin Albee.

¡¡¡Qué magnífica definición de lo que ha venido siendo tradicionalmente el matrimonio convencional!!!


¿Y el resto qué...?

El mundo está enfermo otra vez... y yo mismo no me encuentro demasiado bien.

A la vista de sucesos como este, qué cierto se me antoja mi pensamiento ocasional de enero de 2009.

"Socorre a las víctimas, pero desconfía de ellas: no siempre claman por el derecho a recibir justicia; con frecuencia lo hacen por el derecho a convertirse en verdugos"

Aquí tenemos el ejemplo de unas que al fin han conseguido adueñarse de la soga del verdugo.


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¿Y el resto qué...?

domingo, 30 de mayo de 2010

La novela gráfica, de Santiago García

Por más que nos guste hablar del libre albedrío, de los logros de la voluntad o del destino en nuestras manos, lo cierto es que el ser humano se encuentra siempre sujeto a las restricciones que le imponen las condiciones de posibilidad, de espacio y de tiempo. O de algo así nos quiere convencer el materialismo. Y si el ser humano está sujeto a estas restricciones, ni digamos ya el cómic, donde las exigencias del mercado, las posibilidades de impresión e incluso la consideración social hacia el mismo han venido lastrando históricamente su desarrollo como forma de expresión artística válida. Esa es la historia a la que pasa revista Santiago García en La novela gráfica, la de los casi dos siglos de limitaciones e imposiciones que viene sufriendo el noveno arte por culpa del mercado y la poca estima que le tiene la sociedad. Pero también la de su lucha por encontrar una vía que le permita liberarse de estas restricciones.

Para ello, Santiago García parte de dos momentos fundacionales que marcan de forma decisiva la evolución del cómic a través del tiempo: el primero, que podría considerarse en puridad como el de su alumbramiento, lo fija allá por el primer cuarto del siglo XIX con las historias en garabatos de Rodolphe Töpffer; por su parte el segundo, que señala su transformación en producto de consumo, lo establece en el último cuarto de ese mismo siglo con la aparición del Hogan´s Alley de Richard F. Outcault en las páginas del dominical del New York World. Y es que según Santiago García, la historia del medio bien podría leerse como el largo y dificultoso camino de regreso emprendido por el cómic para desprenderse de las consecuencias acarreadas por el segundo momento fundacional y recuperar así la situación de la que disfrutaba tras el primero. Es decir, la de la lucha por superar las deficiencias que caracterizan al producto de consumo destinado a las masas, que apenas tiene que ver con el arte, donde toda decisión creativa queda supeditada a las necesidades materiales, y regresar a las virtudes de la obra artística consciente de su propia condición, dueña de sus recursos y libre en sus elecciones. Y digo camino de regreso porque como se nos explica en La novela gráfica, ya en sus orígenes y durante casi medio siglo, el noveno arte habría gozado, o al menos parcialmente, de esa consideración que después perdería por completo. No olvidemos que desde su nacimiento y hasta que alcanza la popularidad a través de las tiras de prensa, el cómic es visto más bien como una curiosa variante de la pintura, y que incluso artistas del renombre de Gustav Dore ensayaron con sus posibilidades artisticas. Así el punto culminante de este primer periodo podríamos situarlo en obras como las de Lynd Ward y Max Ernst que, ya bien entradas en el siglo XX, supusieron notables precedentes de la novela gráfica actual.

Sin embargo esta primera línea de evolución se truncaría a raíz del éxito y la masificación del cómic de prensa americano, y del cómic-book después. Un éxito y una masificación que no sólo afectaron al proceso creativo del cómic, sino también a su status social. Lo cual constituye toda una tragedia de hondas repercusiones para un medio dónde forma y contendido se encuentran tan inextricablemente unidos. Porque su transformación en producto de consumo significó poner en manos del mercado un aspecto tan esencial para el mismo como pueda serlo el formato de impresión, o sea, el tamaño, las dimensiones o incluso el número de páginas de la que debe constar cada obra. Así, transformado en mero objeto físico, los contendidos quedaron relegados a un segundo plano, teniendo siempre estos que adaptarse a las peculiaridades del formato, a lo que resultara vendible en cada momento. Pero por si fuera poco, también la consideración social del medio presionó negativamente a los autores para que limitasen sus asuntos a aquellos que se suponen propios de un cómic. Caso paradigmático de esta presión lo encontramos en lo sucedido en los años 50 con los comic de la EC, donde se instó a toda la industria a ajustar sus temas a las características de un tipo de lector, el infantil, que se le daba por supuesto y por narices, en lugar de entender, como sería razonable, que si sus contendidos no eran propios del público infantil debería ser más bien porque en verdad no era aquel el público al que iban dirigidos. Por supuesto el concepto liberador, el final del camino tras tantas luchas, se encuentra en el formato de la novela gráfica; un formato sin contendidos prefigurados que no se debe a ningún género y que no se limita a ningún público. En verdad, un formato sin formato que toma al propio relato como punto de partida para definir todo lo demás.

De esta manera, con prosa amena que sin embargo no renuncia al rigor, La novela gráfica traza el fascinante itinerio seguido por el medio y sus autores en busca de su emancipación; un estudio documentado y serio como no suele ser frecuente en el tema, y que sin duda supondrá por méritos propios un referente para trabajos futuros. Para mí, junto al Entender el cómic de McCloud y Los lenguajes del cómic, de Barbieri, lo mejor que se puede leer en castellano con respecto a la teoría del cómic.

¿Y el resto qué...?

jueves, 27 de mayo de 2010

Mayo del 10

Que digo yo, que visto como anda el panorama, ¿no nos va tocando ya una revolución? Después de todo nosotros nunca tuvimos nuestro Mayo del 68, nuestra imaginación al poder, nuestro prohibido prohibir. Que bonito si pudiéramos comprobar que bajo los adoquines, la playa.

Por si alguien se apunta, os dejo video del de los franceses.



¿Y el resto qué...?

lunes, 24 de mayo de 2010

Moore, como el buen vino...


Hay que ver cómo mejora la prosa del de Northampton con el tiempo, cómo se ha ido haciendo cada vez más fina y delicada:


"Vamos.. sécate las lágrimas porque eres vida, más extraña que un Quark y más improbable que los sueños de Heisenberg; el barro en el que las fuerzas que dan forma a las cosas dejan su huella de forma más clara. Secate las lágrimas... y vámonos a casa"

Watchmen 1987




"Estábamos borrachos. Nos vieron y preguntaron si queríamos unirnos a la fiesta, papi dijo que quería ver cómo me follaban esos tipos mientras su amigo se dedicaba a comerle la verga"

Lost Girls 2006
¿Y el resto qué...?

Write the future...

Joder, cómo se lo curran con tal de vendernos un par de zapatillas. Sí la industria cultural hiciera anuncios así yo hasta renunciaba a las descargas de la mula... Vale, no, pero me caerían más simpáticos.
Se me sale de los márgenes, pero es que así se ve tan bien...


¿Y el resto qué...?

viernes, 21 de mayo de 2010

No a los toros

(Cornada a Julio Aparicio en La Ventas)

Por esto, y sólo por esto, prohibiría yo la fiesta de los toros.

¡¡¡No a la crueldad contra los seres humanos!!!

¿Y el resto qué...?

Sobre la industria de la cultura y la remuneración a los autores


"(...) No podemos olvidar que lo que agoniza -y tampoco tanto como nos quieren hacer creer- son las industrias culturales. Pero las industrias culturales apenas tienen que ver con la remuneración del artista por su trabajo. De hecho por lo general se han dedicado tradicionalmente a expoliar sin misericordia a los artistas con contratos leoninos en donde por auténticas miserias aquellos perdian todos los derechos de explotación de sus obras. Así que que no nos vengan ahora reclamandose abanderados en la defensa de los intereses de los creadores. La mayoría de los creadores salen francamente beneficiados del hecho de poder ofrecer el fruto de sus esfuerzos directamente al consumidor final, sin necesidad de sufrir en manos de los intermediarios. Estoy plenamente convencido de que el mensaje apocalíptico de que con las descargas se extinguirá la cultura sólo defiende los intereses de los mercaderes, aquellos a quienes nuncas les ha importado un carajo la cultura, el arte o cualquier otra cosa que no se mida en cantidades monetarias."

-Yo mismo en los comentarios de otro blog-
¿Y el resto qué...?

martes, 18 de mayo de 2010

Algunas consideraciones poco rigurosas y totalmente infundadas sobre el Lost Girls de Moore y Gebbie

Una idea me viene rondando con insistencia desde que leí el Lost Girls de Moore y Gebbie, a saber, que en el fondo, el sexo es cosa de niños. Porque aunque la socarronería de Shakespeare lo llamara amor, es claro que Romeo y Julieta sólo podían tener la edad que tenían. La única en la que el ejercicio de tan apreciada facultad humana se puede gozar con la ilusión de quien se adentra en un universo insólito, en una tierra tan fantástica como el Oz de Dorothy, el Nuca Jamás de Wendy o el País de las Maravillas de Zapate... digo, de Alicia. Así se nos presenta en Lost Girls, como el encendido recurso de la imaginación por el cual las tres famosas niñas serán capaces de vestir de mágico lo terrible. Recordemos que en manos de la parejita feliz, Dorothy ya no es la encantadora niñita que hace surf a lomos de un huracán; aquí es una ninfómana pueblerina que se pasa por el henil todo lo que se menéa, padre incluido; Wendy y sus hermanos ya no son los niños entusiastas que aprenden a volar con la ayudad de Peter Pan; ahora son remilgados niños bien del Londres victoriano que se dejan seducir por el cabecilla andrajoso de una panda de desarrapados callejeros; por su parte, Alicia no es más la niña que descubrió toda una realidad invertida tras caer en la madriguera, sino la víctima de los abusos pederastas de un amigo de su padre (¿¿el propio Carroll??) , lo que la inclinará de forma decisiva hacia el lesbianismo. Truculencias de todo tipo y pelaje que sin embargos ellas reinterpretarán a la luz de la pasión adolescente como aventuras fantásticas.

Aunque acaso, parecen sugerirnos sus autores, la situación sea la contraria; que es un mundo carente de imaginación, el de los adultos, el que está reinterpretando a la sombra de la moralidad vigente vivencias extraordinarias como si fueran terribles. De hecho, en la inventiva de Moore, la iniciación sexual de los adolescentes no adquiere la clásica función de rito de paso a través del cual el niño se transforma en adulto; al contrario, en Lost Girls los niños –más bien las niñas- sólo accederán a la madurez cuando, roto el encantamiento, renuncien al goce y al placer de los juegos eróticos. Estas son las niñas perdidas que nos anuncia el título, no las que se abrasaron en la senda de la lujuria, sino las que dejaron de serlo precisamente por apartarse del camino de baldosas amarillas. Un camino que retomarán tras su encuentro en el hotel Himmelgarten, esa especie de jardín celestial que les permite recobrar la infancia olvidada y, por un breve instante, convertirse en niñas otra vez. Por supuesto, tanta belleza está condenada a ser efímera y el mundo de los mayores se hará de nuevo presente, ahora en la forma de conflicto armado, nada menos que la Gran Guerra, con lo que se pondrá fin al periodo de recreo. Se acabaron los juegos infantiles, hora ya de que los adultos tomen el mando, que las cosas bellas sean destruidas y que el joven que antes yacía ocioso en la cama con el miembro viril erecto, lo haga ahora en el fondo de una oscura trinchera, con la mirada perdida y las tripas desparramadas.

En fin, una imagen terrible, esta última, que supongo fue la que escandalizó a la directora de la biblioteca municipal de Inopia, provincia de Badajoz, y la llevó a guardar bajo siete llaves, y dónde nunca más les diera el sol, los tres tomos de Lost Girls. O algo así me contaron.

¿Y el resto qué...?

lunes, 17 de mayo de 2010

Tengo ganas de...

… ver la final de la Conferencia Este entre Boston y Orlando. Ya hemos comprobado que el talento descomunal de "King" James, el elegido, el hombre llamado a dominar la NBA durante la próxima década, no ha sido suficiente para compensar la veteranía y el juego colectivo de los Garnett, Pierce, Allen, Rondo o Wallace. Ahora le toca a "Superman" Howard y sus inmaculados Magic, 4-0 y 4-0 en las rondas anteriores. Con el aliciente añadido de que si los orgullosos verdes se cargan también al equipo de Florida le estarán sirviendo en bandeja de plata el anillo a los Lakers de "Pau" Gasol. O al menos regalándoles el factor cancha en una hipotética final. Dios, que empiece ya…

¿Y el resto qué...?

sábado, 15 de mayo de 2010

Vagabond, de Takehiko Inoue

Contaba Truman Capote en el prólogo de Música para camaleones, a propósito de sus inicios en el difícil camino de las letras, que:

“(...) un día comencé a escribir, sin saber que me había encadenado de por vida a un noble pero implacable amo. Cuando Dios le entrega a uno un don, también le da un látigo; y el látigo es únicamente para autoflagelarse (...)”.

Confesión certera en la que sin embargo Capote parece ignorar el hecho de que para vivir fustigándose el alma a latigazos no es preciso haber nacido con la bendición de un don. También los mediocres, los que carecemos de talento, podemos terminar, y con frecuencia terminamos, subyugados por ese amo implacable al que hace referencia. No hay razón, pues, por la que desdeñar el regalo de la providencia que supone el don, que en cualquier caso no deja de ser una más entre las múltiples herramientas de las que se vale el verdadero tirano para esclavizarnos. O dicho de manera distinta, y tal vez más clara, que el tirano es otro. En concreto yo lo identificaría con aquella disposición del ánimo que los clásicos han denominado siempre como Carácter, Temple, o, con inspiración dramática, Destino, y que, en palabra más moderna y menos grave, designaré simplemente como Vocación. He ahí las auténticas cadenas. Y he ahí también, me parece a mí, el tema central de Vagabond, el inabarcable e inconcluso manga de Takehiko Inoue -nada menos que 32 volúmenes y contando- basado en la novela de Eiji Yoshikawa sobre la vida del legendario samurái Miyamoto Musashi (toma inventario de nombres japoneses).

Nos hallamos ante un tebeo de corte histórico que levanta acta con singular realismo de uno de los periodos más convulsos y decisivos de la Historia del Japón. No por casualidad Vagabond arranca coincidiendo con el final de la batalla de Sekigahara, momento que marca el inicio del shogunato Tokuwaga y por tanto, como todo el mundo sabe, sobre todo si ha consultado en Google, de la era Edo. Un tiempo, el mismo que detallaran también Kazuo Koike y Goseki Kojima en El lobo solitario y su cachorro, en el que los rōnin deambulaban a sus anchas recorriendo los caminos polvorientos del país del sol naciente en busca de duelos que les permitieran ganar reconocimiento y fama. Por supuesto el llamado de estos hombres tiene escasa similitud con el afeminado ejercicio de las letras –o quizás no, que Musashi es autor de El libro de los cinco anillos-; hablamos de gente violenta que viven y mueren por la espada, que ponen en liza su integridad física cada vez que demuestran su talento. Y con todo, pese a la disparidad de vocaciones, su situación apenas difiere de la que describe Capote. Porque los Musashi, Kojiro, Ittosai, Denshichirō, Kōhei o incluso el mediocre Matahachi, paradigma del alma sin talento, responden punto por punto a la descripción del reo azotado por el látigo de la obsesión de la que nos da cuenta el escritor.


Cada uno de ellos descubre en el dominio de las técnicas de combate una aspiración capaz de llenar todos los ámbitos de sus respectivas existencias, de darles un sentido, de justificar su paso por el mundo. Lo comprobamos constantemente en cada combate, donde los mandoblazos, los tajos y los destripamientos se ven salpicados siempre de abundantes reflexiones; donde las revelaciones y los descubrimientos profundos que cambian a cada paso la visión del mundo que los personajes tienen se suceden sin descanso. La ambición de estos guerreros no es, como pudiera parecer, la de desmembrar y degollar a cuanto rival se les ponga por delante, sino la de alcanzar la inefable verdad de su arte, recorrer todo el camino y encontrar al final del mismo la esencia de aquello por lo que han vivido y se han sacrificado. Aun cuando esta búsqueda les pueda llevar a descubrir la inutilidad de sus mismas existencias. Un tema de ribetes místicos y espirituales abundantísimo en la literatura de Oriente, pero que sigue siendo revolucionario trasplantado al orbe de Occidente, donde el crecimiento personal sólo puede entenderse en términos monetarios. Cosa que jamás sucedería, claro está, en caso de abolir el dinero. Pero esa ya es otra historia. U otro blog.


Por su parte, cabe resaltar en Vagabond el trabajo casi fotográfico de Inoue en los lápices, un dibujo de tal perfección que se hace en ocasiones hasta abrumador, no sólo por el detallismo enfermizo de sus paisajes y escenarios, sino también por el de los encuadres, las expresiones corporales y los rostros. A lo que hay que añadir, por si no fuera suficiente, unas composiciones de página y una secuencialidad que ponen de manifiesto esa realidad tan difícil de negar: que en determinados aspectos, el manga va unos cuantos pasos por delante del resto del mundo. Eso sí, el que se decida a iniciar su lectura que lo haga pertrechado de paciencia, porque las páginas se cuentan por miles. Y todavía no hemos llegado ni al ansiado enfrentamiento entre Mushasi y Kojiro.

En definitiva, una obra tan recomendable como agotadora.

Puntuación: 8


¿Y el resto qué...?

jueves, 13 de mayo de 2010

Más pensamientos ocacionales


"No pretendas alcanzar la sencillez sin haber conquistado antes la complejidad. La sencillez es el premio de los que han recorrido el camino completo"


-Yo mismo tras una sobredosis de Kung-Fu, pequeño Saltamontes-
¿Y el resto qué...?

Pensamientos ocasionales

"Cuántas cosas sabemos, pero olvidamos que sabemos"

-Yo mismo, tras recordar algunas de ellas-

¿Y el resto qué...?

miércoles, 12 de mayo de 2010

Hajime no Ippo (Espíritu de lucha), el anime

Ahora entiendo por qué no consigo que la gente se interese más por mi magnífico blog: no estoy dando mi máximo. Es cierto que la escritura de cada entrada me lleva al borde de la extenuación física y mental, pero está claro que eso no es suficiente; debería estar visitando las puertas del más allá con cada una de ellas. Mismamente como Ippo “alquiler de botes de pesca” Makunouchi en cada uno de sus combates. Fijaros si no estoy dando mi máximo que apenas he vitos la primera temporada, es decir sólo los primeros 76 “rounds”. Y nunca me han sangrado los oídos y los ojos. Una vergüenza.

Pero bueno, mejor olvidémonos de lo mío, que no tiene remedio y centrémonos en la serie. Como ya conoceréis la mayoría, o eso supongo, Hajime no Ippo, traducido libremente al castellano como Espíritu de lucha, es un anime de temática pugilística basado en el manga del mismo título que creara a finales de los ochenta el desconocido, al menos para mí, Jyogi Morikawa. Se trata de la típica japonesada que toma en este caso el mundo del boxeo como vehículo para meternos por los ojos y hasta la nausea la idea, tan cristiana ella, de la superación personal a través del esfuerzo y el sacrificio. O sea como en Los caballeros del Zodiaco o en Campeones. Porque sí, Hajime no Ippo es en ese sentido un anime arquetípico, con una estructura, un argumento, un desarrollo y unos personajes que ya son lugares comunes en la animación nipona. Y sin embargo no se puede negar que el estándar japonés sigue ejerciendo un atractivo enorme para nosotros, o al menos en quienes tampoco la hemos frecuentado en exceso y aun nos queda cierto margen para la sorpresa. En concreto lo que más me admira de esta serie es su habilidad para superar a base de oficio las tremendas limitaciones que le impone su carácter comercial.



Porque por un lado tenemos un esquema narrativo muy restringido, apenas una repetitiva sucesión de combates precedidos por pequeñas anécdotas personales. Y por otro, el hecho de que inevitablemente sabemos desde el principio cuál será el resultado final de los mismos. Y sin embargo, asombrosamente Espíritu de lucha consigue siempre mantener vivo el interés del espectador. Sí, es cierto, son combates y combates hasta el infinito, pero vaya, la habilidad de sus creadores es tal que son capaces de convertir cada uno de ellos en una especie de partida de ajedrez única, en una confrontación abierta de personalidades, de egos, de estrategias y de técnicas pugilísticas, algunas de lo más imaginativas y surrealistas como ese prodigioso salto de la rana, que jamás aburren y menos dejan indiferente. Igual que tampoco esas pequeñas anécdotas que hilvanan la sucesión de peleas son en verdad ni tan pequeñas ni tan insignificantes. Lo que en un principio puede parecer no más que una excusa para romper la monotonía del ring, considerado en el conjunto de la serie constituye una más que digna exposición de los orígenes y las motivaciones que animan a esa prolífica galería de personajes que la recorren. Este es sin duda otro de los puntos fuertes de la serie: los Makunouchi , Takamura, Kimura, Aoki y el entrenador Kamogawa por una parte, y los Miyata, Mashiba, Sendo, Volg o Date por otra dan cuerpo a una colección de protagonistas y secundarios verdaderamente admirable, con una diversidad de personalidades tan rica y tan llena de vida que uno no puede más que tomarles cariño. El resultado es que a pesar de los inconvenientes que he apuntado, de su rigidez y predecibilidad, los 76 capítulos que la componen, más de 25 horas sí calculamos a razón de 20 minutos por episodio, se beben del tirón, casi sin esfuerzo. Lo que no es poco decir. Y si encima, como a mí, te gusta el cómic, la animación y el boxeo, para qué quieres más. Lo tiene todo.
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martes, 11 de mayo de 2010

¿Es un caza?... ¿Es Robocop?... ¿Es Mazinger Z?... ¡¡¡Es Iron Man!!! (La película) (La primera)

Si el cine comercial norteamericano carga ya de por sí con el sambenito de ser repetitivo, poco original, bastante superfluo y no menos vacío, el de superhéroes lo hace igual pero reduplicado a la enésima potencia. Y además, con razón. Basta echar un vistazo a la ya prolongada lista de películas inspiradas en personajes Marvel y DC para cerciorarse de que a veces quien carga la fama también carda la lana. Y es que hablamos de un tipo de cine que, con sus diferentes niveles de calidad, resulta casi siempre efectista, ruidoso, más preocupado por el uso de los efectos especiales que por el desarrollo de tramas y personajes; por la acción sin descanso que por el conflicto humano, o en su caso, sobrehumano. Un cine que tiene la cualidad de cansar pronto y hacerse especialmente insoportable. En este sentido, Iron Man no es ninguna excepción.

Y sin embargo debo reconocer que he disfrutado bastante con ella. Tal vez porque aquí, ante unas características tan acusadas, la dosificación juegue un papel indispensable para su disfrute. Y yo hace mucho tiempo que no veo una película de superhéroes. Lo que no es óbice para que me pregunte si, más allá de las cincunstancias subjetivas, no contará esta película con virtudes propias que en la proporción justa puedan ser hasta gratificantes. Porque es cierto que la espesura psicológica de los personajes de Iron Man no parece a la altura de las exigencias de un Freud o de un Jung, especialmente si hablamos de los malos, que son más simples que el mecanismo de una fregona. Pero tampoco sería justo negarle a Robert Downey Jr el mérito de haber compuesto un Tony Stark carismático y lleno de vitalidad, un personaje que si bien no deslumbra ni sorprende, sí que invita a acompañarle en su evolución.




Por su parte, al igual que con el diseño de personajes, también el tópico del uso y abuso de efectos especiales se cumple con puntualidad anglosajona en Iron Man. Como era de esperar, la infografía invade cada encuadre del film recordándonos con insistencia quién es el verdadero protagonista de la película. Pero en su caso además los efectos especiales sirven como motor de las secuencias más inspiradas y divertidas de la misma, en mi opinión todo lo referente al diseño y elaboración de la armadura de Iron Man, con sus correspondientes pruebas y ensayos. Unos momentos que consiguen recuperar parte del encanto de los comic Marvel, esa especie de fascinación ingenua por lo prodigioso; la maravilla por la maravilla, sin necesidad de coartadas. Quizá esa sea la esencia del género, por más que a todos nos gustaría ver en las adaptaciones cinematográficas progresos en la dirección opuesta, o sea, en el refinamiento y la madurez de las propuestas. Sea como fuere, tampoco se puede desechar tan alegremente el valor de un esquema más clásico y con menos pretensiones, especialmente cuando ofrece resultados logrados.

En cuanto a la acción, otro elemento inevitable de este tipo de espectáculos, si no el principal, sólo cabe decir que la de Iron Man resulta de lo más convencional, anodina y previsible que se pueda imaginar, con sus preceptivos desordenes circulatorios, sus explosiones de rigor, sus cámaras lentas a lo Mátrix, su montaje videoclipero que habrá hecho las delicias de los adictos a la MTV, y cómo no, sus mareantes movimientos de cámara donde no se ve un pimiento y no queda más remedio que preguntarse si son intencionados o si los operarios sufren Parkinson y no lo quieren admitir. A lo que, desgraciadamente, Iron Man añade la estética Mazinger Z y el estilo Robocop de la batalla final, cosa que no le resulta precisamente muy favorecedor. Por suerte la acción es inusualmente escasa para lo que se estila en el mundillo, haciéndola un poquito más digerible y menos molesta de lo esperable. Aún así, sigue siendo lo peor de la película.

En fin, para no extenderme más, que vale, que para ser un producto de consumo rápido, con todas las limitaciones que se le suponen, no deja de tener su dignidad, con sus virtudes y sus puntos fuertes. Un trabajo de cierta solidez del que se puede disfrutar perfectamente, pero ya digo, siempre que se tome con moderación y guardando la oportuna distancia entre dosis.


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lunes, 10 de mayo de 2010

Les llamaban... Los Defensores, de Giffen, DeMatteis y Maguire

A Faulkner jamás se hubiera ocurrido; Joyce habría enloquecido con sólo soñar tamaña complejidad interlingüística , intertextual e Inter de Milán; Broch se fracturó un brazo en tres mitades (!?) intentando imitarles, y Shakespeare se quedó sin palabras ante tanta belleza. Y no les culpo, porque lo de estos chicos, Giffen, DeMatteis y Maguire es de otra galaxia. Parece mentira –tal vez porque lo sea- que este trio de genios haya conseguido revolucionar -joder, otra vez más- el género de los superhéroes con un argumento más innovador que el ¡Pad de Apple: el archifamoso, archipoderoso y archimalvado Dormammu y su hermana, la MCLTG Umar se han unido en diabólica alianza con la intención de conquistar el Universo conocido, conocer el desconocido… ¡¡¡ y conquistarlo también!!! Y sólo LOS DEFENSORES podrán detenerlos. El Doctor (en medicina general) Extraño, Namor (vale, vale, Príncipe Namor para nosotros), Hulk “Pasión esmeralda” y Silver Surfer, sobre todo Silver Surfer, se enfrentan, como siempre, al más extraordinario reto de sus carreras superheroicas (¿a qué edad se retira un Superheroe? ¿A la misma que Guti y Raul? ¿No terminarán estos dos reclutados por LOS DEFENSORES, aunque uno sea medio y el otro delantero? Preguntas y más preguntas…)


Una obra maestra sin paliativos que demuestra la versatilidad y los recursos de un género incombustible (es cierto, yo he probado a prenderle fuego y no arde), inagotable, polimorfo, cristalino, diáfano, Di Stefano (Puskás y Gento), desgravable, esponjoso, bajo en colesterol y con el alerón delantero flexible. Una sabia combinación de talentos que logra fusionar con éxito el dominio de los recursos narrativos de Watchmen con la épica desatada del Dark Knight; el humanismo y la capacidad innovadora de Eisner con el universo inquietante y malsano de Maruo; la inocencia sin prejuicios de Vázquez con la lujuria y la sensualidad desbocada de la tira de prensa de la hoja parroquial de la misa de doce de los domingos de "El monaguillo feliz", pero en mejor. Tan en mejor que hasta Chuck! ha esbozado un amago de sonrisa mientras lo leía. ¿Y cómo consiguen semejante proeza? Pues con la sencillez de la genialidad: contando la verdad. Ese es su truco, porque no es la trama de Les llamaban… Los Defensores más absurda que la de cualquier cómic de superhéroes que se tenga por serio. Es simplemente que aquí se ha introducido un poquito, tampoco en exceso, de lógica y de sensatez, la suficiente para que por una vez los personajes tengan conciencia de la infumable grandilocuencia de sus diálogos, de las ridículas motivaciones que los animan, de la desproporción anatómica de Hulk... De lo patético, en resumen, de un mundo que se desintegra en las manos, y no en la boca, en cuanto se le aplica una brizna de cordura. Y como diría el gran Gila, vale, me he quedado sin hijo, pero lo que nos hemos reído...

Puntuación: 8


Chuck! leyó Les llamaban... Los Defensores ya en la temprana época del insti.... varias décadas antes de ser escrito y dibujado... y en traducción al arameo...

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domingo, 9 de mayo de 2010

RCLTG Day´2010

Bueno, ya que estamos de vacaciones supongo que puedo permitirme participar en algún sarao. A última hora y por los pelos, pero ahí va mí heroína RCLTG:

Ahí la teneis; la implacable justiciera de lo social, tan segura de la verdad de su causa que por lo general -aquí gasta raybans a lo termineitor- ejerce a cara descubierta. Aunque lucen un poco pochas, las T son G, palabrita del niño jesús.

Feliz RCLTG Day.

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En busca de Peter Pan, de Cosey

Como en las viejas películas del oeste, si hubiera que buscar una palabra que defina y nos dé la clave de lo que es y significa este En busca de Peter Pan, de Bernard Cosendai, Cosey para los amigos, yo apostaría por la frontera. Al igual que su Suiza natal, espacio que se erige en escenario privilegiado del tebeo, En busca de Peter Pan es un relato fronterizo que prueba a trazar y a delinear, pero también a emborronar y a confundir los límites que marcan, dan forma y distinguen conceptos tan contrapuestos como apariencia y verdad, realidad e imaginación, naturaleza y civilización o libertad y obligación. Cosey juega a transformarse en cartógrafo de un territorio propio que, como el Neverland de Barrie, se levanta en armas contra las restricciones que impone la realidad, que aspira a romper sus cadenas, pero que sin embargo pretende hacerlo sin negarla, complementándola y enriqueciéndola con los colores y los matices de la imaginación. No por casualidad En busca de Peter Pan tiene por protagonista - ese Melvin Z. Woodworth nacido Vlatko Z. Zmadjevic- a un escritor, es decir a alguien que se gana la vida inventando mentiras que a veces nos hablan de la realidad con intuición más certera que las mismas verdades. Y no nos olvidemos tampoco que, como descubrimos durante su aventura, las circunstancias que le permiten a Vlatko convertirse en Melvin y esquivar así el destino y la obligación de ser abogado nacen de una ficción, de una falsificación que sin embargo deja su impronta, su huella indeleble en la realidad. Porque las imposturas, al igual que las monedas falsas, pueden ser “más autenticas que las autenticas. De una aleación mejor que las del gobierno”.



Sin embargo ni los protagonistas ni el propio relato, como ya he apuntado antes, pretenden disolver definitivamente la realidad en un juego de apariencias y espejos contrapuestos, ni tratan de adentrase en esas zonas remotas de la imaginación donde tal vez la realidad pueda volverse irreconocible y acaso también ingobernable; al contrario, ellos prefieren instalarse en ese espacio divisorio que les permite cruzar constantemente los límites entre ambos lados, entre esa margen que representa a la civilización (obligación, responsabilidad, cordura, ley y orden) y aquella otra que simboliza a la naturaleza (libertad, despreocupación, imaginación, vida salvaje y aventurera). Ellos eligen la ambigüedad de ese territorio intermedio, de esa tierra de nadie que más que indecisión es deseo de no renunciar a nada y que les permite alcanzar un mayor equilibrio tanto en su relación con el medio como con su propio yo interior. Porque esa es la lección que les legó el Peter Pan de Barrie, siempre omnipresente en el tebeo de Cosey: no la del niño que se negó a crecer, sino la del individuo libre que se opuso a la mutilación de ninguna parte esencial de su ser.

Puntuación: 9

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sábado, 8 de mayo de 2010

Sobre el cómic digital y sus debates

Mientras se decidía o no el Sevilla a remontar –enhorabuena a los seguidores culés por su más que seguro título liguero- he estado leyendo un poco por encima el pequeño debate que sobre la viabilidad y el futuro del cómic digital se ha generado en los comentarios de La cárcel de papel. Un debate que me deja anonadado. Más que por los argumentos y contraargumentos, todos tan comedidos como innecesarios, por su misma existencia. Porque cuando hablamos de avances tecnológicos da igual si estamos a favor o en contra de ellos: si la tecnología es útil se queda. Y punto. Y contra hechos no caben argumentos. Y ya mismo me estáis convenciendo de que no son útiles los avances en soportes digitales combinados con el libre acceso e intercambio de archivos. Y si no lo fueran, a qué tanto escandalo por parte de la industria clásica del ocio y la cultura, la única a la que le interesa que este debate exista, si por su propio peso estarían abocados al fracaso.
Señores, lo siento muchísimo por ustedes, pero esto es lo que hay: se les pasó el arroz. Y si no les gusta, se joden. A ver si ahora van a ser los poderosos los únicos que pueden defender sus intereses y los únicos que pueden salir ganando siempre, so amenaza que de lo contrario el mundo se acaba. Anda ya, hacednos el favor e iros a tomar por culos. Panda de cuatreros y asaltacaminos…

¿Y el resto qué...?

Hoy se resuelve la liga

Y aunque no ha sido una temporada excesivamente brillante, con un nivel general más bien mediocre, hay que reconocer que el mano a mano que nos han brindado Barcelona y Real Madrid, Real Madrid y Barcelona ha sido sorberbio. Digno de elogio y reconocimiento. Por eso vaya desde aquí, a unas pocas horas de que definitivamente se dirima la contienda, mi más entusiasta aplauso para ambos. Sin duda los dos han merecido un título que afortunadamente, porque es lo que hace divertido al deporte, sólo uno podrá alcanzar.

Ahora bien, hechos ya los oportunos reconocimientos, y por si a alguien le interesa mi opinión, diré que espero, porque es lo más problable, que la liga la gane el Barsa, aunque yo voy con el Madrid. Está claro que pase lo que pase nos aguarda una noche de fútbol de las que hacen afición, pero vaya, sería graciosísimo que , en el colmo de las paradojas, uno de los mejores Barcelona de la historia se quedará sin ningún título. C´est la vie.

No me atrevo ni a imaginar a lo que pueden llegar estos dos si esta noche conquista la liga el Barsa

¿Y el resto qué...?

Arrugas, de Paco Roca

Es triste admitirlo, pero más triste es robar: tengo prejuicios contra el cómic. Parece mentira que esto nos esté pasando a nosotros, que nos iniciamos en el vicio de la reseña al grito de muerte a los prejuicios contra el noveno arte. Y además en una época en la que nadie quería leer tebeos porque estaba mal visto hacerlo, no como ahora, donde la gente cool, y más aún la gente "coolta", se distingue precisamente por la lectura de “novelas gráficas". Pero es cierto, hay tebeos que he postergando una y otra vez. Simplemente, sin que haya una justificación clara y distinta, porque no me atraían. Como este Arrugas de Paco Roca, del que debe hacer más de un año que lo compré, intrigado por el aluvión de premios y alabanzas que cosechó. Y sin embargo no es hasta ahora que al fin me he decidido a leerlo. Y vaya sorpresa, no sólo me gusta, sino que me entusiasma. Por eso no me queda más remedio que reconocer públicamente mis prejuicios contra el cómic. A mi edad. Y Arrugas es un tebeo que habla de la edad.

Pero en fin, vayamos a lo nuestro. A medio camino entre el género de anticipación y el de terror, Arrugas es un emotivo relato construido con sencillez a partir de anécdotas que, como explica el propio autor en el epílogo, pueden resultar hasta divertidas, pero que sin embargo no ocultan ni un ápice del dramatismo y la crudeza de lo que cuentan. Un tebeo que nos recuerda eso que nuestra sociedad hedonista y tontorrona, tan obsesionada ella con el culto al cuerpo, a la belleza, a la juventud y al éxito preferiría ignorar: que todos estamos condenados a naufragar tarde o temprano en el deterioro físico y mental de la vejez, por más horas que echemos -o tiremos- en el gimnasio, por más cremas reafirmantes y potingues varios que nos pongamos en la cara, por más triunfos que alcancemos en la vida o por más reseñas de tebeos que escribamos. O como diría Shakespeare, que no somos más que pobres histriones pavoneándonos en el escenario de la vida durante nuestro ratito de gloria, de los que después nadie volverá a oír jamás.



En este sentido Arrugas es un tebeo que angustia y duele. Que nos obliga a preguntarnos por lo que somos y de qué materia estamos hechos. Acaso porque ese sea precisamente el problema, que estamos hechos de materia y la materia se degrada, se estropea, deja de funcionar. Querámoslo o no, nos convertimos en trastos viejos, en chismes averiados, y a los trastos viejos se les arrumba donde no estorben ni se les vea demasiado. O sea, al hogar de ancianos. Pero con ser duro el hecho de vernos dados de lado por los nuestros, tampoco es lo peor de la vejez. Lo peor es que sea la propia naturaleza la que nos abandone, porque además de materia somos sentimientos, recuerdos, deseos e ilusiones, pero cuando la materia inicia su degradación se lleva por delante todo y apenas deja nada en pie. Algo que refleja muy bien Arrugas en la figura de Emilio y su lucha estéril contra el Alzheimer, en la cruel y contradictoria toma de conciencia del proceso que le llevará a la pérdida definitiva de la lucidez.

En fin, ya digo, un tebeo conmovedor e inquietante que debería ser de obligada lectura para todos los amantes del buen cómic. Y yo evitandolo por más de un año… No tengo perdón de dios.

Puntuación: 10

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viernes, 7 de mayo de 2010

Última hora: La Audiencia de Madrid confirma que enlazar partidos en Internet no es delito

Extraído de la sentencia:

" [...] Sin embargo, deben hacerse las siguientes consideraciones:

a) En atención a los hechos acreditados en este proceso no puede soslayarse la circunstancia de que la página web investigada no aloja los archivos, ni realiza directamente la descarga. Los archivos se transfieren a través de programas de descarga de amplia difusión entre los usuarios de Internet.

b) Los actos de ordenación y anuncio de los partidos que se transfieren facilitan la descarga pero no pueden equipararse a ésta, por lo que, en principio podrían calificarse de actos de mera intermediación.

c) Por otra parte, la retribución que obtienen los administradores de la página no compensa la descarga de los títulos sino la publicidad derivada del acceso genérico a la página, que es independiente de ésta y que se puede producir aunque no haya descarga.

d) Los gestores de la página, tal y como se indica en el auto impugnado, no facilitan la desprotección de los códigos claves para el visionado de los eventos deportivos, ni realizan conexiones con programas de desprotección, sino que facilitan únicamente el visionado de programas de televisión emitidos en abierto.

- Por todo ello, los hechos denunciados no son constitutivos de delito y la decisión de sobreseer las actuaciones es conforme a derecho. [...]"

Toma ya Audivisual Sport. Una magnífica noticia para todos los que disfrutamos de las retrasmisiones deportivas a través de la red. A ver si con sentencias como esta vamos dejando claro quienes son los verdaderos piratas en Internet.

Podeis informaros mejor de la noticia aquí.

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jueves, 6 de mayo de 2010

Minirreseña comiquera: Sandman Midnight Theatre, de Neil Gaiman, Matt Wagner y Teddy Kristiansen


Es curioso como hay algunos cómics que por más que te propongas reseñarlos en pocas palabras no puedes evitar acabar extendiéndote y extendiéndote y extendiéndote y extendiéndote y.... Son cómics que de entrada te obligan a plantearte más de una cuestión ya en su lectura, pero que según vas recapacitando sobre ellos estas sugerencias se multiplican, se desdoblan, se redoblan y terminan por hacerse incontenibles en el espacio de una minirreseña. Y claro después están aquellos otros que no te dicen nada ni a la de tres. Lo que no significa que te hayan gustado menos; simplemente no han conseguido presionar esa palanquita que activa el proceso de asociación de ideas tan necesario para escribirles una reseña en condiciones. Algo así me sucede con el Sandman Midnight Theatre, un cómic que me resulta agradable de leer, nada aburrido, bonito de ojear y todo lo que se quiera. Pero no me dice nada. Por más que le arrime la oreja. Lo único que se me ocurre decir de él es que merece la pena leerlo, que me gustan los personajes, que la ambientación es sugerente, aunque no sé exactamente qué es lo que me sugiere, que está más que correctamente escrito, que mola una barbaridad el encuentro de los dos Sandman -vamos, se me saltaban las lágrimas de la emoción- y que me encantan los colores, que deben ser, supongo, de Teddy Kristiansen, aunque tampoco os lo puedo garantizar porque no viene indicado en los títulos de créditos. Y si esto resulta de utilidad para alguien, pues enhorabuena. Y si no, pues bueno, ya sabéis lo que dice Sergio Ramos. A cambiar de canal.

Puntuación: 8
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Judenhass, de Dave Sim

Si no fuera porque no encuentro la cita por ningún lado juraría que fue William Stayron quien escribió en La decisión de Sophie algo así como que cualquier obra relacionada con el holocausto judío está destinada a convertirse en un éxito. Teoría que a falta de que alguien demuestre lo contrario tendré que atribuirme a mí mismo y que parece además confirmada por una infinidad de casos como los de La lista de Schindler, El pianista, La vida es bella, Maus, El diario de Ana Frank, El niño con el pijama de rayas o la misma La decisión de Sophie. Obras siempre emocionantes que impresionan por la magnitud de la tragedia que cuentan, posiblemente una de las más terribles y crueles de la historia de la humanidad. O por lo menos de la historia reciente, que si hay algo que abunda en la historia de los hombres es precisamente el horror.

Dave Sim, el popular autor de Cerebus, nos ofrece su particular homenaje a los millones de judíos que perdieron la vida en la Shoah. Judenhass –odio a los judíos- nos recuerda que lo acontecido en Auschwitz, en Buchenwald, en Mauthausen, en Treblinka o en Dachau fue de todo menos fruto de la casualidad o de un arrebato de locura colectiva más o menos aislado. Para Sim lo sucedido durante la década de los cuarenta en pleno corazón de Europa es resultado inevitable de una campaña sistemática y bien organizada que tiene por objeto generar y transmitir el odio de las demás nacionalidades, culturas y confesiones contra el pueblo judío, una práctica que vendría ejecutándose más o menos desde que el tiempo es tiempo, año arriba, año abajo.



Sobre un fondo de imágenes atroces del genocidio, apenas alternadas con los retratos de algunos personajes históricos, Judenhass constituye una extensa colección de citas y declaraciones sangrantes que rebosan rencor y desprecio y que vendrían a confirmar el antisemitismo general imperante que nos ha conducido de cabeza hasta las puertas de los hornos crematorios. Vale. Pero yo le encuentro un problema a la propuesta: da la impresión de que para Sim lo terrible de aquella tragedia es que se perpetrara contra el pueblo judío. Y aunque es cierto en la Shoah masacraron a los judios precisamente por serlo, no es menos cierto que eso ni es lo importante, ni es lo esencial, ni es lo que debería preocuparnos. Dicho así puede que no suene del todo bien, pero estoy persuadido de que lo aterrador del genocidio judío no se halla en el adjetivo, no descansa en la identidad de las víctimas, sino en el propio genocidio en sí. Lo importante debería ser que nadie más vuelva a sufrir en sus carnes un horror comparable, ya sean judíos, tutsis, albanokosovares, palestinos o camboyanos. Porque el odio y la crueldad de unos pueblos frente a otros, ese hábito desgraciadamente tan humano y tan repetido a lo largo de la historia no es patrimonio de nadie, ni nadie puede sertirse ajeno a él.

Resumiendo, me parece que Judenhass, como denuncia del odio que lleva a la barbarie, es sin lugar a dudas una obra necesaria; como reivindicación del victimismo hebreo frente a los gentiles, una obra aunque comprensible, muy equivocada.

Puntuación: 7


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miércoles, 5 de mayo de 2010

La vida del Ché, de Héctor Oesterheld y Alberto y Enrique Breccia

No es fácil mantenerse imparcial y separar méritos artísticos de ideologías políticas cuando uno se enfrenta a una obra que toma como eje central la figura de un personaje historico tan controvertido, tan polémico y tan saturado de luces y sombras como las que proyectó el guerrillero argentino Ernesto Guevara de la Serna, el Ché. Y menos aun cuando la obra en cuestión no es y no pretende, posiblemente porque tampoco podría serlo aunque quisiera, una biografía aséptica, objetiva, neutra. Efectivamente, La vida del Ché toma partido descaradamente y lo hace reclamando del lector un pronunciamiento frente a lo que lee, obligandole a aceptarlo y a comprometerse con ello o a rechazarlo de plano. Porque aquí la indiferencia no es opción. Y aunque no es mi caso, pues confieso que la figura del Ché me genera tantas dudas que finalmente me declaro incapaz de emitir un dictamen sobre él, algo que me impide odiarlo o admirarlo con decisión, es cierto que el retrato heroico de tintes épicos que traza el albúm emocionará inevitablemente a sus defensores y chirriará, cuando no molestará directamente, a sus detractores, nublándoles con razón el juicio. Pues bien, a pesar de su dificultad, creo que en este caso merece la pena hacer el esfuerzo de distinguir méritos artísticos de ideologías políticas, pues más allá del panfleto ideológico, La vida del Ché es una obra excepcional e imprescindible que aunó la maestría y el talento de tres genios del cómic en estado de gracia.

En La vida del Ché, el tristemente represaliado y desaparecido Oesterheld, dueño de una voz evocadora, bella y poética como han habido pocas en el medio, nos sumerge con acierto en las vicisitudes más azarosas de la vida y milagros del personaje -la figura histórica- , sin renunciar por ello a explorar los abismos más abisales de la persona -el ser humano- y de paso a adentrarse, y adentrarnos con él, en sus sueños, sus dudas y sus contradicciones. Seguramente habrá quien alegue con razón que el Ernesto Guevara que nos pinta el escritor no es el Ernesto Guevara de la realidad, igual que habrá quien diga que los hechos de su existencia no disfrutaron nunca del lustre heroico que le otorga el cómic. Sin embargo no se puede negar que el retrato que nos ofrece Oesterheld posee en si mismo un valor estético que lo sitúa por encima de cualquier discusión sobre su veracidad histórica. Como tampoco el fresco de la época y las miserias soportadas por el continente américano, el hambre, la explotación, la enfermedad, el piojo, el brazo palito y el vientre hinchado, pueden ser desdeñados tan a la ligera por su mayor o menor exactitud con la realidad. Pero es que además si la prosa y el guión de Oesterheld son excelentes, los lápices de los Breccia, Alberto y Enrique, padre e hijo, adquieren una cualidad casi sobrenatural. Los claroscuros de los Breccia, la parte más notable de cómic, que ya es decir, poseén una dureza, una fuerza y un vigor que hacen parecer a los del Sin City de Miller -ay, lo que me gusta criticar a Miller, casi tanto como leerlo-, por poner un ejemplo que todo el mundo conoce, terriblemente falsos, infantiles y grotescos. Un estilo tan contundente que habría de influir decisivamente en dibujantes de la talla de Hugo Pratt o de José Muñoz, además de en alguno tan mediocre como el de Maryland. Ya digo, una obra verdaderamente excepcional.



Y sin embargo me voy a atrever a ponerle un pero, el mismo por el que no le voy a otorgar el diez: si dibujo y escritura pueden ser calificados por separado como excelentes, no siempre es así tomados en conjunto. En mi opinión la prosa de Oesterheld resulta en ocasiones excesiva, ahogando a veces el ritmo de la narración y dejando un cierto regusto a relato ilustrado. Pasa principalmente en los capítulos iniciales, donde la narración de la infancia y juventud de Ernesto se enreda y tropieza más de lo deseable en las palabras de Héctor Germán (H.G., como Wells) . Y sin embargo el problema se corrige en las últimas páginas de cada capítulo, donde la historia regresa al final de la vida del Ché, pero en especial en los capítulos que cierran la obra, donde el dibujo toma las riendas del relato, se torna de nuevo ágil, fluye con naturalidad y da la exacta medida de su calidad. O sea, la leche.

Puntuación: 9

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martes, 4 de mayo de 2010

Minirreseña comiquera: El carro de hierro, de Jason

Si hay algo que sobresale en Jason por encima de cualquier otro aspecto o cualidad que podamos reseñar es sin duda el marcadísimo carácter personal de sus obras. Obras que rebosan originalidad tanto en lo que cuentan como por la forma en que lo cuentan. Por eso resulta especialmente atractivo comprobar cómo se maneja el noruego en los territorios de un mundo que no es del todo el suyo, en el que acaso pueda andar un poco de prestado, sin llegar a hacer pie por completo. No olvidemos que El carro de hierro es adaptación de una vieja novela policíaca del también noruego Stein Riverton, una novela y un autor inéditos en España. El caso es que a pesar de todo la maestría de Jason consigue adueñarse de la historia y hacerla bailar al ritmo y al compás de su propio estilo. Es cierto que en un primer momento el lector, o al menos este lector que ahora hace las veces de escribiente, puede llegar a sentirse un poco desorientado y confundido con una ambientación y unos personajes que no parecen casar con naturalidad en el peculiar grafismo de Jason. Incluso puede que en otras ocasiones se note en exceso los tijeretazos a los que obliga el trasvase entre medios. Sin embargo estas pequeñas molestias acaban disolviéndose pronto en el inabarcable talento narrativo del noruego, quedando únicamente la fuerza de un relato absorbente y satisfactorio. Una historia policíaca que si acaso se resiente de cierta falta de originalidad y que a mí me trae a la memoria una de las más logradas novelas de Agatha Christie, cuyo título no diré, no vaya a ser que les fastidie la gracia a los que gustan de intentar resolver el misterio por sí mismos.



En definitiva, podemos concluir que Jason supera con nota la prueba y demuestra en las páginas de El carro de hierro que ninguna historia le es ajena a su muy personal forma de hacer historietas, o lo que viene a ser lo mismo, que su inconfundible estilo es válido para contar cualquier historia que se precie.

Puntuación: 8
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lunes, 3 de mayo de 2010

Una exclusiva mundial: Beer Tycoon, guía de juego.

Ah, vacaciones, vacaciones, qué dulce es tu sabor. Ya tenía yo ganas de pillarlas. Pues sí, durante las dos próximas semanas voy a estar de vacaciones, así que intentaré ponerme las pilas, ponerme al día y ponerme a leer y a escribir. A ver si consigo darle un poquillo de ritmo al blog, lo saco del túnel de Moody (Raymond) y lo devuelvo a la fila de los vivos. Para empezar, y mientras voy leyendo tebeos que reseñar, obsequiaré vuestra paciencia con toda una exclusiva mundial: sé cómo ganar dinero en el Beer Tycoon.

Para aquellos que estéis fuera de la realidad y no tengáis ni idea de que es el Beer Tycoon os diré que es un juego de gestión empresarial para PCs donde podemos convertirnos en barones de la birra. Atractivo, ¿verdad? Pues sí, pero además Beer Tycoon cuenta con el dudoso privilegio de estar considerado como uno de los peores juegos que jamás se hayan programado. Podéis comprobar que no miento leyendo el análisis que le dedicó en su momento Meristation. De hecho hay voces que apuntan a su completa injugabilidad (el castellano está repleto de palabras hermosas, mismamente como transesplendido). Y no sólo eso, hay quien señala que por no poder no se puede ni guardar las partidas. Bien, pues yo digo que sí, que se puede jugar, que se puede ganar dinero en él –y mucho además- y que en el colmo de las posibilidades hasta se puede guardar y cargar las partidas. Fijaros que, más chulo que un ocho, hasta lo he convertido en actividad formativa para mi clase de orientación empresarial. Con dos hue... ejem, mejor vayamos al meollo de la cuestión.

Lo primero que debemos tener claro de Beer Tycoon es que se trata fundamentalmente de un juego de equilibrio, donde tendremos que encontrar el equilibrio perfecto en nuestro proceso de producción, el equilibrio perfecto entre producción y ventas y el equilibrio perfecto entre precio de venta y clientes disponibles. Balanceandolo todo, no sólo conseguiremos que nuestra empresa sea rentable, sino que nos forraremos a lo grande.





Equilibrio en el proceso de producción

Para empezar a producir necesitaremos contar con todas la naves y maquinas exigidas para la elaboración de cerveza, sin que podamos ahorrarnos ni la más mínima, o sea que aquí no vale eso de a ver si más adelante me va mejor la cosa y ya sino después la pongo. Pues no. O todo o nada. En concreto necesitamos:

Silo para almacenar grano y lúpulo. Aquí no se requiere maquinaria alguna.

Fábrica, donde se mezcla la cebada y el lúpulo con el agua. Necesitaremos al menos –es lo aconsejable al inicio- una caldera. Si hacemos un estudio entre la capacidad de producción de cada una y su coste, es fácil comprobar que la más rentable es la caldera nº 5. Más adelante definiremos la receta de nuestra cerveza y tendremos que volver a la caldera para indicarle qué cerveza debe producir. Pero de momento y hasta que lo tengamos todo listo, nos olvidamos de ella.

Planta de fermentado. Aquí necesitaremos tanques de fermentación. En concreto colocaremos el triple de fermentado que de fabricación. Si estamos fabricando 20 litros de cerveza, necesitaremos una capacidad de fermentado de 60 litros. Así no tendremos problema ninguno de pérdidas de producción. Yo recomiendo, también por su relación capacidad/precio, colocar tres tanques fermentadores del nº 6.

Planta de envasado y planta de embotellado. Dentro de cada una colocaremos un par de máquinas de envasado y un par de embotellado. En el caso del envasado, recomiendo la más grande, mientras que en el caso del embotellado, mucho ojito con poner también la más grande. En mi experiencia, la máquina de embotellado nº 3 no funciona, de forma que si la instalamos se nos acumularán allí las botellas pero jamás saldrán a la venta. Así que debemos evitarla y colocar siempre la máquina nº 2. Estáis advertidos. Otra advertencia: si queréis tener unas ventas equilibradas de barriles y botellas, deberéis poner primero una máquina de embotellado, después una de envasado, otra de embotellado y finalmente otra de envasado. Beer Tycoon suele dar prioridad a las máquinas que se han colocado antes, y más aún a las máquinas de envasado. Así que si no lo hacéis como os he indicado puede que os encontréis produciendo y vendiendo únicamente barriles de cerveza.

Otro punto muy importante es que necesitaremos contratar personal para que ponga en marcha nuestras máquinas de envasado y embotellado. Pinchando con botón derecho sobre ambas naves nos aparecerá una ventana que corresponde a la ficha de cada una. En la esquina inferior derecha tenemos todo lo relativo a personal. Pinchamos allí y pinchamos en emplear. Os aconsejo que contratéis al menos un par de trabajadores para cada nave, pues suelen tener cierta tendencia a perderse y a escaquearse de su trabajo. Así, si uno no va a poner en marcha las máquinas, probablemente el otro si lo haga.

Almacén. En el almacén colocaremos en uno de los laterales de la nave, bien pegada a la pared, una fila completa de palets de botellas, y en el otro largo de la instalación, una de palets de barriles. En medio, y sin que se estorben el paso (ojito con esto, que sino quedan bloqueadas y no cumplen con su cometido) dispondremos de al menos de 4 carretillas elevadoras.


Nave para camiones: Viene de serie con el terreno. Lo que si deberemos instalar en ella es al menos una nave de carga para barriles y otra para botellas. Con cuidado de no estorbar y de maximizar el espacio.

Esto son todos los edificios y maquinaria que necesitamos. Procurad colocarlo todo alrededor de la nave de camiones, de forma que aprovechemos bien el espacio disponible y reduzcamos al mínimo la distancia a recorrer por nuestros empleados y carretillas. Por cierto, no es conveniente construir ni el centro de visitas ni el pub, ya no sólo porque al inicio no son rentable desde un punto de vista económico, sino que aún peor: en cuanto recibáis clientes y visitas el juego dará error y se estropeará. Así que no queda más remedio que renunciar a esa posibilidad de explotación y centrarnos única y exclusivamente en la venta de cerveza al por mayor.



Inicio de la producción

Ahora sólo nos resta definir una receta para nuestra cerveza e iniciar la producción. Yo os recomiendo que optéis por la cerveza más básica, con los ingredientes más baratos y sin proceso de maduración. Mientras menos coste, más grandes y rápidos serán los beneficios. Cuando defináis vuestra receta os pedirán que le deis un precio. Pasad del precio recomendado y bajad a cero. Es decir, regaladla. Después os explicaré por qué es conveniente hacer esto. Una vez hecho, vamos a la fábrica y le decimos a la caldera que comience la producción. Si habéis seguido los pasos al pie de la letra no deberíais tener problemas de pérdida de litros, con lo que podemos olvidarnos de momento del proceso de producción y centrarnos en la consecución de clientes.




Obtención de clientes

He aquí la piedra rosetta del juego, la clave que nos va a permitir forrarnos. En Beer Tycoon el número de clientes que van a solicitar nuestra cerveza depende fundamentalmente de tres parámetros: gasto en publicidad, ámbito de producción y precio de venta. Pues bien, mi consejo es que desde el primer momento, incluso desde antes del inicio de la producción, comencéis a hacer publicidad en todos los medios disponibles –televisión, radio y prensa- y además para el ámbito internacional. Esto, unido al precio de venta que hemos establecido para nuestro producto, es decir cero, debe dar como fruto un rápido incremento en nuestra cartera de clientes, que se situará pronto en torno a los 25 ó 30, o lo que es lo mismo, en lo máximo que se puede conseguir. Y es que en Beer Tycoon los clientes son muy sensibles a las bajadas de precio, de forma que un precio bajo (y qué precio más bajo que cero) combinado con publicidad constante y un ámbito de distribución grande (el internacional) nos reportará rápidamente una buena cantidad de clientes. Sin embargo curiosamente los clientes no son tan sensibles a la subida de los mismos, aun cuando esta subida sea abusiva. Por eso, cuando tengamos al fin stock acumulado y listo para la venta, cosa que si planificamos bien debe coincidir con nuestro techo de clientes (ya digo, en torno a los 30), deberemos bajar una unidad más el precio, de forma que como ya estamos en cero, el precio dé la vuelta y pase a su importe máximo, es decir 999. A partir de aquí iniciaremos un descenso paulatino en el número de clientes, como es lógico, sin embargo lo haremos con la suficiente lentitud como para poder vender todo lo que tengamos producido y empezar a forrarnos. Cuando nos queden pocos clientes, o lo que es lo mismo, menos de 10, volveremos a bajar el precio a cero, de forma que recuperemos rápidamente nuestra cartera de clientes. Si nos lo curramos , podemos hacer coincidir las fases de stock bajo con las fases de pocos clientes, de forma que cuando bajemos el precio a cero para recuperar cliente apenas tengamos nada que vender en almacén.

Usando este truco, equilibrando stock, número de clientes y precio, no encontraremos dificultad ninguna para nadar en una pileta rebosante de billetes y monedas en muy poco tiempo. Vamos, como el tío Gilito, el de los cómics de Carl Bank. Y este es un blog de cómics. De todas formas, por si no acabamos de cogerle el ritmo:



Cómo evitar la bancarrota

Si por lo que fuera no conseguimos despegar y nos vemos con problemas de liquidez, cosa que no hay razón ninguna para que suceda, pero en fin, torpes haberlos háilos, os aconsejo que si vuestra liquidez baja de 10.000 eliminéis momentáneamente todos los gastos, es decir que dejéis de hacer publicidad y que paréis la producción (stopped en la caldera) y que os dediquéis por un tiempo a hacer caja con los litros que tengáis en stock y aquellos que ya están en proceso de producción. Una vez solventéis el problema de liquidez, podéis volver a iniciar la producción y a promocionaros por los canales habituales. Recordad que en este juego no hay posibilidad de pedir préstamos, así que hay que evitar la bancarrota a como dé lugar.



Mantenimiento de maquinaria

Por último puntualizar que la maquinaria sufre desgaste, en especial la caldera, y que debéis andar vigilantes y sustituir aquella que agote su ciclo de vida útil. Además recordad que si queréis ampliar el proceso de producción, siempre tenéis que mantener el equilibrio entre las distintas fases del mismo, es decir, por cada nueva caldera, tres fermentadores y un par de máquinas de envasado y embotellado. Además mientras mayor sea la producción, más carretillas elevadoras y más palets necesitareis para que no se ralentice el proceso de pasar litros en fase de producción a litros en stock listos para la venta.


Guardar y cargar partidas

Otro punto espinoso. Según he leído en algunos sitios, el juego no permite cargar las partidas que hayamos guardado. Esto es verdad a medias. Es cierto que no podremos hacerlo si lo intentamos desde la pantalla de inicio. Sin embargo no hallaremos problema alguno si primero iniciamos una partida nueva, y desde allí, desde otro juego, cargamos nuestra partida guardada.


En fin, esto es en lo fundamental lo que he aprendido sobre este juego que tan poca gente ha llegado a jugar en profundidad. Si tenéis alguna duda de cómo se aplica mi método, o queréis aportar algún truquito que haga más eficiente el proceso, no os privéis en los comentarios. Pues hala, a ganar pasta a espuertas en Beer Tycoon. De nada.

¿Y el resto qué...?