lunes, 19 de mayo de 2008

Mi infancia son recuerdos... (Antonio Machado por Antonio Machado)

Tal vez sea sólo porque llevo una semana disfrutando como un enano de la belleza, la agudeza, la sabiduría y la gracia sin igual de su prosa clara. No lo sé, pero aunque fuera así no me importa: si me exigieran ahora mismo escoger un libro para que me acompañase durante el resto de mi vida, uno sólo de entre todos los que he leído o me gustaría leer, ese sería sin duda su Juan de Mairena.
No me voy a fatigar en esbozar una semblanza que de todas formas no le haría justicia; el mejor homenaje que se me ocurre es leerlo tantas veces como pueda y recomendárolos otras tanta. O dejaros este video con el retrato que de sí mismo hizo él. Además servido en la voz de Calixto Sánchez y con su buen acompañamiento musical.



Retrato

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierra de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

Ni un seductor Mañara , ni un Bradomín he sido
-ya conocéis mi torpe aliño indumentario-,
mas recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.

Converso con el hombre que siempre va conmigo
-quien habla solo espera hablar a Dios un día-;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la masión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipage,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

7 comentarios:

  1. Yo de poesías no sé mucho (en algo tenía que fallar, ya sabes) pero me sé una cosa muy chuli que dice:

    "Te invito a jugar:
    si pierdes antes que yo, he ganado.
    Si pierdo antes que tú...
    ... olvídalo, he hecho trampas".

    Eduardo Mazo. Escritor argentino que vende sus libros en las Ramblas.


    P.D.: Hoy me he decidido por esta entrada. Voy un poco de culo y no tendré tiempo de dejarte el comentario habitual en la prehistoria de tu gran y magnífico blog.
    P.D.2: Mañana te regalaré dos. Tranquilo.

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  2. Yo tampoco soy un buen lector de poesía; de Machado me interesa más que nada lo que escribió en prosa.

    No te apures con los comentarios: no tienes ninguna obligación que cumplir, ni nada que compensar. Escribe cuando quieras, donde quieras y sobre lo que quieras. Incluso aunque no tenga nada que ver con el contenido de las entradas, aunque sea sólo para rajar de todo, aunque sea para llamarme listillo otra vez más... Estas en tu casa.

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  3. Yo de poesía sé muchísimo, por eso no la comento porque no estaríais a mi altura para replicarme.

    Un gato hidraulico.

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  4. Te advierto eva que soy bastante alto y que hay pocas cosas en las que no dé la talla. Ventajas de la genética.

    Un día en la vida de George W. Bush.

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  5. Pues aquí decimos que en el pot petit hi ha la bona confitura.

    Un ejemplar de AR.

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  6. Bueno, bueno... no saquemos las cosas de madre, eh, tú has dicho que no estaríamos a la altura y yo alego simplemente, sin ningún doble sentido culinario, que soy más bien altito (1,85 m exactamente) Sólo eso.

    Ay, como está el patio, cuánto adolescente sensible...

    La soga del ahorcado.

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