jueves, 26 de enero de 2017

Ombligo sin fondo, de Dash Shaw



Dash Shaw se apiada de sus personajes



Al final se modera y la cosa no acaba tan mal, pero durante buena parte de su lectura me angustiaba este Ombligo sin fondo

No soporto los relatos que muestran las miserias de las personas corrientes y sus vidas cotidianas sin ofrecer al menos una pequeña escapatoria, una brizna de dignidad. Los Loonys están chiflados, vale, pero no pueden ser tan patéticos como parecen. Más que Loonys, son auténticos losers. Y durante muchas páginas se nos obliga a compartir una mirada excesivamente despiada con ellos, casi desde el angulo de visión de ese stablisment típico de los Estados Unidos que forja epítetos tan cariñosos como "white trash" y otras perlas semejantes. Pero no, poco a poco Shaw afloja su presa y vamos viendo aflorar pequeños gestos que de alguna manera los redimen. 

En el fondo, no sé si del ombligo, estos Loonys son un poco como los Simpsons, perdedores patéticos y algo chiflados, sí, pero aún son capaces de darse y encontrar en el ambito familiar ese apoyo que tanto necesitan. Y eso a pesar de no tratarse de familias excesivamente bien avenidas. Ésta en concreto pasa por el trance de la disolución, y sin embargo es justamente con ese episodio triste, el de la separación de los padres, cuando parecen reencontrar de alguna manera su propia identidad familiar. 

De hecho no deja de ser inquietante el parecido físico que guarda Dennis, el hijo mayor, con los personajes que dibuja Matt Groening...

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